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  • FINALISTA 2014

Skatepark colaborativo «Sk8+U»

Arbucias (España), 2012

Un grupo de adolescentes se organiza para reclamar y promover la creación de un skatepark a lo largo de un proceso participativo que explora las posibilidades del diseño colaborativo, la autoconstrucción basada en el reciclaje y la autogestión compartida del espacio resultante.

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A pesar de estar ubicada en un entorno de carácter marcadamente natural, entre el macizo del Montseny y el de las Guilleries, Arbúcies ha desarrollado una industria muy activa, basada, sobre todo, en la fabricación de carrocerías de automóviles. Durante las últimas tres décadas, la abundancia de trabajo convirtió la ciudad en lugar de acogida de personas procedentes de todo el mundo y le facilitó un ecosistema social cosmopolita y diverso. Con el inicio de la crisis económica, sin embargo, la actividad industrial bajó, las fábricas tuvieron que reducir sus plantillas y muchas familias quedaron en una situación precaria. Algunas optaron por regresar a sus tierras de origen, pero la mayoría permanecieron en Arbúcies, dado que sus hijos ya habían arraigado ahí.

En prueba de ese arraigo, en la primavera de 2011, un grupo de niños y adolescentes con edades comprendidas entre los once y los dieciocho años empezaron a organizarse para reclamar un lugar específico donde practicar el skateboarding. Lo cierto es que la población, en su mayoría pavimentada con empedrados tradicionales y rugosos, no les ofrecía muchos espacios adecuados para patinar. Uno de los pocos lugares aptos para hacerlo era el aparcamiento del centro hospitalario existente cerca de la escuela, pero los jóvenes patinadores estaban hartos de que se les expulsara de allí. Por ello, decidieron que necesitaban una pista de patinaje y detectaron el emplazamiento idóneo. Se trata de Can Pons, un área recientemente urbanizada situada en el perímetro del pueblo, donde se había instalado una nueva zona de equipamientos deportivos.

Objeto de la intervención

Durante la campaña de las elecciones municipales, los jóvenes abordaron a algunos candidatos y cargos públicos para expresarles sus reivindicaciones. También consultaron a un colectivo de arquitectos con experiencia en el asesoramiento en procesos participativos. El proyecto se reveló como una oportunidad para conjugar la pericia de los técnicos y la experiencia de los destinatarios, una aproximación transversal e inclusiva hacia el espacio público que resultaba especialmente apropiada en tiempos de crisis e incertidumbre.

A lo largo de varios encuentros entre los jóvenes, sus asesores y los cargos municipales competentes, se confirmó que el emplazamiento de Can Pons era el más adecuado. También se reconoció la legitimidad de los patinadores como principales impulsores del proyecto y se acordó darles apoyo oficial en un proceso que exploraría las posibilidades del diseño colaborativo, la autoconstrucción basada en el reciclaje y la autogestión compartida del espacio resultante. El consistorio decidió destinar a la construcción de la pista de patinaje una partida de más de treinta mil euros, a los que hay que añadir el incontable valor de la mano de obra voluntaria, de los materiales reciclados y de los servicios de la brigada municipal. También los 7.500 euros aportados por el Consejo Superior de Deportes (organismo dependiente del gobierno español) y una plataforma artística sin ánimo de lucro llamada Idensitat.

Descripción

Desde un primer momento, los jóvenes promotores estaban convencidos de que la pista que deseaban, bautizada con el nombre de «sk8+U», debía ser de primera calidad. Ello requería, a su exigente criterio, hacerla con hormigón. A pesar de la modestia del presupuesto, la condición amateur de la mano de obra y las reticencias iniciales del Ayuntamiento —que proponía materiales más económicos y ligeros—, los jóvenes se salieron con la suya. Con el fin de adquirir los conocimientos necesarios para echar hormigón en las superficies complejas propias de una pista de skateboarding, se organizaron cursos de carpintería para construir los encofrados y talleres para aprender a preparar el portland, verterlo y armarlo con elementos reciclados.

De este modo, la pista pudo ser ejecutada por sus futuros usuarios. De planta trapezoidal, está rodeada de varias rampas y una pirámide torcida preside la parte central. El lienzo de hormigón respeta todos los árboles preexistentes y sus bordes se adaptan a la topografía del entorno mediante taludes de césped. Algunas vallas «New Jersey», del tipo que suele usarse para delimitar tramos en obras en las carreteras, se dispusieron tumbadas para convertirse en bancos perimetrales. Dos farolas cedidas por el Museo Picasso de Barcelona permiten que el sitio siga muy activo cuando se va el sol. La instalación de un contenedor de mercancías, adquirido a precio módico y de segunda mano, provee un rellano elevado desde donde lanzarse por una pendiente bastante pronunciada. Mientras se construía el parque, el contenedor permitiría a los chicos y chicas disponer a pie de obra de un almacén donde guardar las herramientas o de un cobijo para celebrar reuniones. Una vez terminada la obra, sirve como lugar de encuentro que refuerza la autogestión del parque.

Valoración

El skatepark «sk8+U» fue oficialmente inaugurado en otoño de 2012, aunque, de forma espontánea, ya tenía un uso intensivo semanas antes. De hecho, el espacio comenzó a ser el catalizador de un fuerte sentimiento de pertenencia de los jóvenes de Arbúcies cuando todavía era un solar indeterminado, a partir del momento en que ellos mismos emprendieron un proceso participativo que les mostró los beneficios de cooperar en una causa común. Ahora, se responsabilizan de forma libre y democrática de un sitio compartido que tiene mucho éxito entre patinadores y espectadores. Prueba de ello fue la visita sorpresa de un skater de fama internacional o las muestras de interés por parte de otros municipios que pretenden iniciar procesos similares.

David Bravo │ Traducción de Maria Llopis

[Última actualización: 18/06/2018]