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Centro psiquiátrico Cáritas: Un edificio convertido en espacio público

Ewa P. Porębska

Mención Especial del Premio 2018, León de Plata de la Bienal de Venecia de 2018 y finalista del Premio Mies van der Rohe, este edificio da testimonio del poder de los proyectos que combinan hábilmente la estructura existente con elementos nuevos. También es un argumento a favor de la colaboración de inversores, diseñadores, usuarios y expertos: en este caso, un colectivo especializado en un discurso sobre el arte, la arquitectura y el urbanismo.

El Centro Psiquiátrico Caritas se construyó a comienzos del siglo XX en las afueras de Melle, una ciudad mediana de Bélgica. El complejo original lo formaba un conjunto de villas-pabellones repartidas por los terrenos de un parque abierto. Desde la década de 1950, los pabellones quedaron obsoletos y se fueron sustituyendo por edificios mejor adaptados a las tendencias terapéuticas de la época.

El proceso de destrucción de las antiguas villas continuó, y solo se detuvo a comienzos del siglo XXI, cuando el nuevo director del centro empezó a colaborar con el colectivo BAVO. Se decidió que, para lograr el diseño más apropiado para este lugar, se debían combinar aspectos filosóficos, terapéuticos y arquitectónicos en un debate abierto entre pacientes, doctores y diseñadores. Los creadores concedieron un gran valor al uso de todo tipo de experiencias individuales y al refuerzo del sentimiento comunitario local.

En los debates se hizo evidente que este proceso no afectaba únicamente a la arquitectura moderna. El arquitecto y filósofo Gideon Boie (BAVO), que trabajó en la definición del concepto, dijo que «detener el proceso de demolición y convertir el ruinoso pabellón Saint-Josef en una estructura exterior monumental constituía una sinécdoque del centro psiquiátrico del futuro». i Los pacientes participaron en el trazado de los primeros esbozos. Con el consentimiento de la junta directiva, en 2015 se anunció un concurso de arquitectura que ganó architecten de vylder vinck taillieu. ii

Según el concepto de estos arquitectos, se debía conservar el edificio en su forma semiderruida. Se desmanteló parte del techo, pero dejando la estructura de madera; se derribaron algunos tabiques; aquí y allá se retiraron los pavimentos; se desmontaron algunas ventanas de la planta baja para dar libre acceso al exterior. En las paredes solo se dejaron algunos trozos de yeso. Se plantaron árboles y se sembraron otras plantas; se instalaron farolas. Todo esto intensificó la sensación de que un edificio histórico se había convertido en un espacio público. Los cubos-invernaderos de cristal instalados en varios niveles han hecho más profunda la impresión de espacialidad, aparte de desempeñar la función de lugares de encuentro íntimos, separados, aunque transparentes.

Desde luego, una estructura de este tipo puede tener muchas finalidades prácticas, pero sus creadores insisten en que su importancia no reside principalmente en su función. Lo fundamental es «abrir la puerta», o «la invitación a cuidar la apertura en el corazón del campus psiquiátrico» iii. Este lugar para los encuentros más o menos formales niega la exclusión, un inconveniente tradicional en este tipo de instituciones.

Subrayemos, pues, el aspecto simbólico: el pabellón como testimonio material y espiritual, registro de la historia del centro psiquiátrico y los cambios que ha sufrido. Esto no puede dejar de afectar a los empleados, médicos y pacientes. El filósofo polaco Roman Ingarden describió los procesos creativos de la siguiente manera: «Y cuando […] creamos o participamos en la creación de nuevas obras de arte, nuevas leyes, nuevos ideales sociales o morales, nueva historia, nuevas máquinas e instrumentos, todo esto […] imprime una huella en nosotros. […] No podemos seguir viviendo y siendo como éramos cuando no existían» iv.

Es difícil no sucumbir al encanto del edificio, y no solo por la composición arquitectónica del pabellón resucitado. Una atmósfera peculiar de calma y atemporalidad, apropiada para los lugares pensados para la curación o la contemplación, nos recuerda a los parques de los siglos XVIII y XIX, donde las ruinas reales o artificiales apelaban a la memoria individual y colectiva e invitaban a reflexionar en el paso del tiempo.

Merece la pena observar que la ruina permanente es un tema eterno en los debates de los conservadores. Según John Ruskin, en el siglo XIX se ponía el acento en la autenticidad, excluyendo toda intervención; actualmente, merece una gran atención la inseparabilidad de la estructura y el paisaje. La adaptación de la villa histórica de Melle es un paso adelante en esta dirección, puesto que el edificio parece atraer el paisaje al interior, fundiéndose todavía más con su entorno.

El edificio y el espacio exterior se han convertido en una sola cosa.

Ewa P. Porębska

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i Gideon Boie, «Relational Architecture, Experiences from the Psychiatric Field», en https://arch.kuleuven.be/onderzoek/publicaties/incubators-proceedings-p.pdf

ii http://www.architectendvvt.com/news 27/08/2015 - PC CARITAS : Happy to announce to have won the competition for PC CARITAS in Melle. Regarding a new future for an old history of one of the villa houses on the site, challenging a possible rethinking of care.

iii https://www.bavo.biz/care-for-architecture; Care for architecture; BAVO

iv Roman Ingarden, Człowiek i jego rzeczywistość, 1936, p. 35 [in]: Książeczka o człowieku, Kraków: Wydawnictwo Literackie 1998

 

 

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