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  • FINALISTA 2010

Jardines del Museo de Can Framis

Barcelona (España), 2010

Un jardín ligeramente hundido ofrece un espacio íntimo de transición entre el museo y la trama Cerdà.

Estado anterior

Durante el siglo XIX, la revolución industrial llenó de fábricas los terrenos agrícolas del norte de Barcelona. La actividad industrial de esta zona, que se corresponde hoy con el barrio del Poblenou, llegó a ser tan importante que se la conocía popularmente como la «Manchester catalana». Una de las primeras industrias en instalarse allí fue la fábrica textil de Can Framis, que constaba de varios edificios y ocupaba una superficie equivalente a cuatro manzanas del Eixample. Años después de su construcción, al trazarse la trama Cerdà, el complejo quedó hundido y sesgado respecto a las calles adyacentes.

En los últimos años, el barrio del Poblenou ha sido objeto de una profunda transformación urbanística que ha supuesto la desaparición de buena parte de su patrimonio industrial y la profusión de nuevas arquitecturas dedicadas al sector terciario y caracterizadas por la gran altura y la rotunda contemporaneidad. Aunque en ese proceso Can Framis perdió buena parte de su extensión, una chimenea y los dos edificios más relevantes del complejo fabril se salvaron. A finales del pasado siglo, fueron adquiridos por una fundación privada que los reformó para convertirlos en un museo de arte contemporáneo.
Durante el siglo XIX, la revolución industrial llenó de fábricas los terrenos agrícolas del norte de Barcelona. La actividad industrial de esta zona, que se corresponde hoy con el barrio del Poblenou, llegó a ser tan importante que se la conocía popularmente como la «Manchester catalana». Una de las primeras industrias en instalarse allí fue la fábrica textil de Can Framis, que constaba de varios edificios y ocupaba una superficie equivalente a cuatro manzanas del Eixample. Años después de su construcción, al trazarse la trama Cerdà, el complejo quedó hundido y sesgado respecto a las calles adyacentes.

En los últimos años, el barrio del Poblenou ha sido objeto de una profunda transformación urbanística que ha supuesto la desaparición de buena parte de su patrimonio industrial y la profusión de nuevas arquitecturas dedicadas al sector terciario y caracterizadas por la gran altura y la rotunda contemporaneidad. Aunque en ese proceso Can Framis perdió buena parte de su extensión, una chimenea y los dos edificios más relevantes del complejo fabril se salvaron. A finales del pasado siglo, fueron adquiridos por una fundación privada que los reformó para convertirlos en un museo de arte contemporáneo.

Objeto de la intervención

En el transcurso de este proyecto, la Fundació Vila Casas cedió al Ayuntamiento de Barcelona los espacios libres que rodeaban los tres edificios del Museo Can Framis para convertirlos en un jardín de acceso público. Su geometría sesgada y hundida respecto a las calles adyacentes permitía crear un espacio recogido, que resolviera la transición entre el aroma decimonónico que emana de los edificios del museo y la rabiosa actualidad de su contexto urbano.

Descripción

El museo y su jardín ocupan una manzana entera del Eixample Cerdà. Los dos edificios preexistentes, junto con el nuevo cuerpo que los une transversalmente, forman un patio cuadrilátero que ha acabado de cerrarse con un pórtico de acceso. Está hundido unos tres metros respecto a la calle y ocupa el centro de la manzana. Un cuarto edificio cierra el lado norteoccidental de la manzana y genera detrás del cuerpo transversal un segundo patio presidido por la chimenea de la antigua fábrica.

Los espacios que separan el museo del perímetro de la manzana desempeñan la función de absorber sus respectivas diferencias de nivel y directriz. Se han resuelto con taludes que se elevan ligeramente respecto a la calle para caer después hasta la cota del patio central. Esta geometría, junto con el espesor del arbolado que se ha plantado encima, genera una franja de transición que aísla el museo de su contexto urbano. Los taludes se han cubierto con un manto de hiedra y se han plantado bulbos de los que brotan flores de distintos colores a lo largo de todo el año. Están surcados por senderos de hormigón con trazados dubitativos que dan acceso a diferentes rincones. La vegetación de los taludes invade asimismo el patio de la chimenea pero respeta el patio central. Este, que actúa como espacio vestibular de acceso al museo, se ha pavimentado con un tendido de hormigón que le permite acoger actos multitudinarios. Algunas jardineras circulares interrumpen puntualmente su pavimento.

Valoración

La elección de una vegetación húmeda y su disposición deliberadamente desordenada, casi pintoresca, dan al jardín del Museo Can Framis un encantador aire romántico. Sin embargo, han motivado al mismo tiempo una controversia entre el museo y el organismo público encargado de gestionar los parques y jardines de la ciudad, que, considerando poco viable su mantenimiento, ha terminado por modificarlo notablemente. Es posible que la solución proyectada superara los estándares de la jardinería pública en una ciudad de clima mediterráneo. No obstante, con la ayuda de la topografía, el jardín original envolvía los edificios de la antigua fábrica de una forma mágica. Los aislaba de un contexto cambiante que ya no les es propio y los transportaba en el tempo hasta un estado original, anterior a la trama Cerdà.

David Bravo Bordas, arquitecto


[Última actualización: 02/05/2018]

Ficha técnica

CIUDAD: Barcelona
PAÍS: España
INICIO DEL PROYECTO: 2007
INICIO DE LAS OBRAS: 2008
FINAL DE LAS OBRAS: 2009
COSTE: 7.354.000 €

Créditos

COLABORADORES:
Team leader: Jordi Framis Team: Daniel Guerra, Marta Vitório, Mercè Mundet, Miguel Borrell, Moisés Garcia

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