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12 noviembre 2018

Jardín y Ágora

Jelena Prokopljević

Schillerpark Housing Estate in Berlin-Wedding. Photo by Marbot [CC BY-SA 3.0] via Wikipedia Commons

Revisión de algunos proyectos vanguardistas del espacio público en Europa, Estados Unidos y la Unión Soviética de los años veinte y treinta del siglo pasado.

Gran parte de la innovación arquitectónica de las vanguardias de los años veinte y treinta estaba dedicada al tema de la vivienda. Se redefinieron los principales parámetros de diseño del espacio en términos de su funcionalidad, la relación entre la forma y el contenido, de su materialidad y de la producción de nuevas urbanizaciones. Era urgente resolver el problema generalizado de la falta de vivienda para las clases medias y bajas agravado por la guerra, si bien era una realidad que había acompañado todo el proceso de industrialización y de la expansión urbana. Construir rápido y económico, definir la vivienda mínima —su superficie y equipamiento—, organizar las unidades de vivienda en conjuntos o configurar términos de vivienda colectiva fueron los desafíos de la Escuela de Ámsterdam, de la Bauhaus, de Le Corbusier, del constructivismo soviético y fueron examinados en los primeros congresos del CIAM. Tanto la casa particular como su encaje en el contexto de la metrópolis creciente fueron objeto de análisis y propuestas de soluciones.

Aparte de todas las cuestiones funcionales, constructivas y formales que definían la vivienda como actor urbano, el legado importante de la investigación arquitectónica y urbanística de entreguerras se centraba en redefinir el espacio público. El CIAM 4 es conocido por el zoning urbano en el que la zona verde figuraba como la más transversal, envolviendo la zona de trabajo, vivienda o tránsito. En la ciudad socialista la zona verde tenía, además, el valor organizativo —de conexión o de separación— de las diferentes funciones urbanas. Zona verde del CIAM se refiere al espacio público, compartido entre edificios, manzanas o barrios, aunque la definición del barrio en términos tradicionales quedaba desdibujada en la gran escala de la ciudad funcional. La zona residencial envuelta en el gran parque público que dibuja Le Corbusier desde la Ciudad Contemporánea para tres millones de habitantes hasta (con el GATCPAC) el Plan Macià es una de las opciones, versión culminante de una serie de propuestas desarrolladas en los años veinte y treinta en diferentes proyectos de Europa, Estados Unidos o la Unión Soviética. El texto que sigue revisitará algunos de esos ejemplos significativos para trazar diferentes elementos e indagar en el carácter y valor del espacio público que se configura alrededor del programa residencial. 

Los años veinte fueron la época de recuperación de la guerra y, sobre todo en Alemania y Austria, de la implementación de programas residenciales a gran escala. Las Siedlungen —urbanizaciones de vivienda social en los nuevos barrios asociados a las grandes ciudades— de la República de Weimar eran a la vez el campo de experimentación arquitectónica, tecnológica y urbanística. Entre 1926 y 1928 se desarrollaron las urbanizaciones funcionalistas como Weisenhof, Törten o Dammerstock en la periferia de Stuttgart, Dessau o Karlsruhe, diseñadas por Mies van der Rohe y Walter Gropius. Partiendo de la Ciudad Jardín de baja densidad, estos barrios se componían de hileras paralelas, con orientación óptima de las viviendas y distancias entre los edificios sujetas a la dimensión de la sombra proyectada. El espacio público, compartido entre vehículo y peatón, se centraba en la calle bordeada de jardines, algunos privados y otros de uso comunitario. 

En cambio, las grandes urbanizaciones que marcaron la ampliación de Berlín de los años veinte en el espacio de los siete municipios contiguos y varias aldeas agrícolas se basaron en el modelo de la manzana cerrada y la arquitectura expresionista. El proyecto de las grandes Siedlungen promovido por el arquitecto municipal Martin Wagner centraba la vida comunitaria en el espacio público, que tenía diferentes tratamientos, con la idea de proporcionar la identidad de estos conjuntos complementaria a su arquitectura. Así, en la urbanización Hufeisensiedlung (siedlung de la herradura) en Britz que firma junto con Bruno Taut (1925-1933), Wagner diseña la comunidad de 1230 viviendas en edificios bajos en forma de herradura con el estanque de forma oval en el centro de la zona verde pública, que definen el uso y el carácter del conjunto. 

Entre 1929 y 1931 Hans Scharoun fue encargado de diseñar la urbanización Siemmensstadt, en las proximidades de las fábricas de Siemens en Spandau, cerca de Berlín. Intervinieron varios arquitectos: Gropius, Häring, Bartning, Hennig, Forbart y el propio Scharoun, quien construyó varios bloques de viviendas. Las 1370 viviendas estaban organizadas en bloques de 4 o 5 plantas, obviando la vivienda unifamiliar que tradicionalmente formaba parte de las Siedlungen. El foco de la organización de la Ciudad Siemens fue el parque central que interrumpe las hileras longitudinales y se divide en zonas más privadas entre los bloques. La entrada al conjunto se define por bloques diseñados por Scharoun, que escapan de la ortogonalidad para marcar el acceso desde la estación del tren municipal hasta el parque central. 

Ambas urbanizaciones, Hufeisensiedlung y Siemmensstadt, siguen los principios definidos por Bruno Taut como el «espacio vital exterior» y aplicados en su primer proyecto de vivienda pública Schillerpark Siedlung de Berlín (1924-1928). En él el diseño de la vivienda colectiva tiene la misma importancia que el diseño del espacio abierto que ofrece a los habitantes el lugar de calidad para recreo y actividades comunitarias. La naturaleza deja de ser el actor secundario en el diseño urbano y ocupa el mismo lugar que el espacio construido. 

Taut formuló estas ideas en el libro Disolución de las ciudades (1920), que exploraba la aproximación entre el ámbito urbano y el rural, relación que también formará parte importante de la doctrina urbanística de los países socialistas. La ciudad del futuro emerge en el contacto directo con la naturaleza y ofrece espacio libre para diferentes usos individuales y colectivos para todos sus habitantes, independientemente de su clase social. Espacio público y espacio natural no se entienden como ornamentos en la planificación y se convierten en espacios activos que los usuarios utilizan y redefinen según su necesidad. Por eso en Schillerpark Siedlung la arquitectura forma parte de este espacio libre, donde los accesos, las escaleras, los balcones y las logias fueron definidos en relación con el diseño de los espacios libres. 

Para Taut, Scharoun y Wagner, la identidad de las Siedlungen se definía tanto por la forma de sus edificios como por la calidad y el diseño de su espacio público. El esquema de Taut fue inspirado en el proyecto Tusschendijken en Roterdam (1921-1923), de Jacobus Johannes Pieter Oud, en el que los interiores de manzanas ofrecían diferentes espacios para el uso público, más abiertos o más restringidos, con recorridos definidos y puntos para actividades de grupo. Este aspecto fue desarrollado previamente en la Escuela de Ámsterdam, donde la manzana semiabierta con el patio interior verde era el principio organizativo del masterplan de Berlage para Ámsterdam sur. Los proyectos de Michel de Klerk y Piet Kramer como Het Schip o De Dageraad se diseñaron alrededor del espacio público comunitario. La identidad de estos conjuntos se definía tanto por su arquitectura expresionista como por el uso activo del espacio comunitario complementado con equipamientos de uso público como tiendas u oficina de correos que en la primera mitad del siglo XX aglutinaba una intensa actividad social. 

La tipología de la vivienda social con espacio público exterior diseñado como su extensión fue también la base conceptual para las Höfe vienesas —complejos plurifamiliares construidos para paliar la falta de viviendas para la clase obrera tras la Primera Guerra Mundial. Entre ellos quizás el más conocido es el complejo Karl Marx Hof (hof significa patio) construido entre 1927 y 1930, en el norte de la ciudad, cerca de la estación de ferrocarril y del canal de Danubio. Se desarrolla en una supermanzana de 1,2 km de largo, con edificación perimetral que deja el espacio interior libre para el espacio verde y diferentes usos de la comunidad. Los bloques de cuatro a seis plantas responden con diferentes alturas a los elementos de contexto. El bloque delante de la estación de trenes tiene la función simbólica de puerta del conjunto, con arcos sobre los accesos al interior, torres rectangulares y una mayor altura. De hecho, el complejo tiene forma de fortaleza y fue utilizado por la oposición política para designarlo como «bastión rojo» o castillo de votantes. Similar a las manzanas de Ámsterdam, el complejo era multifuncional y contenía equipamientos y servicios en las plantas bajas o en volúmenes aislados en el espacio central. Los habitantes contaban con ambulatorio, comercios, biblioteca, guardería, baños públicos y espacios para actividades culturales y deportivas. Esta variedad de usos activaba el espacio libre y daba carácter a las diferentes partes del conjunto, contribuyendo también a la autosuficiencia de la comunidad. Por su gran tamaño, el complejo se divide en diferentes partes para crear comunidades más reducidas que permitirían un vínculo más personal con el entorno.

La manzana residencial —o conjunto de manzanas— alrededor del espacio público con equipamientos de uso público fue teorizada como unidad vecinal por Clarence Perry en Estados Unidos. Pensado inicialmente como consecuencia del desarrollo del plan para la organización de patios de juegos en Nueva York a principios de los años veinte, el concepto —definido hacia el final de la década— identificaba una serie de necesidades sociales inherentes a la organización del espacio urbano. Se trataba de dar respuesta a la forma y el tamaño de la unidad en función de las proximidades de centros de abastecimiento y educación primaria. El punto importante era la estricta separación de las vías del tránsito rodado —en auge en los años veinte— que, por la falta de organización y señalización viaria, presentaban un peligro en las grandes ciudades, de los accesos a las viviendas y centros de la comunidad. 

La comunidad de viviendas familiares se preveía restringida a un total de entre 5.000 y 9.000 habitantes en la superficie de unas 65 ha, que permitiría el acceso a los equipamientos básicos situados a unos veinte minutos a pie, sin necesidad de cruzar las calles transitadas. El modelo apuntaba la necesidad de jerarquizar las conexiones viarias entre las exteriores y las interiores, situando los contenidos comerciales en las vías de transito exterior. Un mínimo de un 10 % de la superficie de las unidades se destinaba a parques públicos. 

En los países socialistas fue utilizado un modelo similar —aunque basado en la vivienda colectiva— para definir los microdistritos que, especialmente en la época de posguerra, fue extendido como el modelo principal para la zona residencial. En los microdistritos el espacio público definía su identidad, tanto las plazas como los patios, campos deportivos o parques, junto con los elementos arquitectónicos de los repetidos bloques de viviendas. El equipamiento público —centro de actividad social— se situaba en el espacio púbico y en la proximidad de todos los usuarios. 

Una de las principales características formales del microdistrito es la manzana abierta y el espacio público compartido entre diferentes conjuntos residenciales donde el límite físico de la manzana queda desdibujado en la zona verde. Ante el dominio del tránsito y la necesidad de generar una ciudad más saludable y natural, en los años treinta Le Corbusier pedía «¡Liberar las ciudades de la coerción, de la tiranía de la calle!» y proponía definir el espacio urbano como conjunto de unidades de paisaje, ideas ampliamente presentes en los barrios residenciales construidos en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Su modelo funcionalista fue definido partiendo de los Inmuebles Villa de 1922, que también eran manzanas cerradas con espacio comunitario en el centro, definidas para el proyecto de la Ciudad Contemporánea para tres millones de habitantes. El interés de este concepto radica en la multiplicidad de espacios exteriores que graduaban su uso desde el espacio privado (jardín o terraza), comunitario más o menos restringido (pasarelas o cubierta verde), y el espacio público en el centro de la manzana. Su posterior desarrollo en los bloques meandriformes de la Ciudad Radiante vieron en Barcelona su realización en la Casa Bloc (1932-1936) de Josep Lluís Sert, Josep Torres Clavé y Joan Baptista Subirana. Los tres arquitectos, integrantes del GATCPAC, junto con Le Corbusier definieron el Plan Macià, presentado como propuesta para el futuro crecimiento de Barcelona en el CIAM 4. La manzana abierta de la Casa Bloc define las plazas de uso público accesibles a través de los porches del edificio, pensadas para las actividades sociales de todo el barrio. Los equipamientos como biblioteca, guardería, centro deportivo, cafés y talleres concretan el carácter y la intensidad de uso de los patios y porches. Los accesos a las viviendas son calles internas, espacios compartidos que fomentan interacción e integración de la comunidad. 

Este recorrido por los diferentes proyectos de los años veinte y treinta que vinculan la vivienda colectiva con el espacio público explica los orígenes y el desarrollo de las ideas que han dado forma a los barrios residenciales construidos en toda Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Partiendo de la casa unifamiliar con jardín, el espacio público se ha ido integrando en los conjuntos residenciales no solo como extensión exterior del espacio vital, sino también como parte definitoria de la identidad de las manzanas y los barrios. Como espacio que determina la intensidad, la calidad y el carácter de la interacción social. 

 

 

 

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