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  • FINALISTA 2012

«Bloques mágicos»

Bucarest (Rumania), 2010

Cuatro intervenciones efímeras promueven la reflexión y la actuación sobre los fragmentarios y tediosos intersticios que separan los bloques socialistas del centro urbano.

Estado anterior

A principios de los años setenta, Nicolae Ceaușescu implantó en Rumania la «Sistematización», un programa de planeamiento urbano que pretendía disolver las diferencias en el grado de desarrollo entre campo y ciudad. A pesar de que empezó limitándose al ámbito rural, donde supuso el derribo de pueblos enteros y el desplazamiento forzado de sus habitantes a sectores urbanos de nueva planta, a partir de 1980, el programa llegó a Bucarest. Gravemente afectada por un terremoto en 1977, la capital vio cómo, en lugar de ser reconstruida, una quinta parte de su tejido histórico (ocho kilómetros cuadrados) era arrasada y sustituida por grandes edificios de hormigón armado.

Algunos de los barrios más antiguos desaparecieron para dar paso al Centru Civic (Centro Cívico), un sector administrativo presidido por la Casa del Pueblo, el mayor edificio del mundo después del Pentágono y actual sede del parlamento rumano. En otros casos, los estragos de la Sistematización se extendieron a lo largo de arterias principales como Calea Moşilor, una vía radial que une el centro con la plaza Obor, al nordeste. Si bien en su tramo más céntrico la calle tiene el carácter tortuoso y estrecho propio de un casco antiguo, después adopta el trazado ancho y rectilíneo de una avenida. Es en este segundo tramo, de casi un kilómetro y medio de longitud, donde el programa sustituyó todas las fachadas decimonónicas originales por largas hileras de bloques de vivienda pública.

En 1989 la Sistematización fue repentinamente interrumpida por la caída del régimen. Los bloques residenciales de Calea Moşilor ya estaban terminados, pero el carácter indefinido y fragmentario de sus partes traseras dejó sin resolver el encuentro con los tejidos adyacentes. La llegada del capitalismo no sirvió para mejorar las cosas. El individualismo rampante, espoleado por la desregulación de las leyes del mercado y el mal recuerdo de una colectivización impuesta, facilitó la privatización de las viviendas públicas, en las que aún vive el 70% de la población de Bucarest. Mientras tanto, al tedioso paisaje de los bloques socialistas se añadieron la masificación desenfrenada del vehículo privado y la negligencia absoluta de las zonas de titularidad pública.

Objeto de la intervención

En 2009, una serie de colectivos de activistas y estudios profesionales, tanto rumanos como extranjeros, se organizaron para provocar un cambio en esta situación. Con la voluntad de llamar la atención sobre la necesidad de afrontar los problemas que sufren los espacios públicos adyacentes a los bloques socialistas en toda la ciudad, concibieron de forma espontánea y sin encargo oficial una iniciativa que denominaron «Bloques mágicos».

En una primera etapa, se lograron 21.000 euros de financiación pública y privada para llevar a cabo, con la complicidad de los vecinos, cuatro intervenciones efímeras en determinados espacios de Calea Moşilor. A medio plazo, con la debida difusión de publicaciones y exposiciones, se podría ampliar el debate acerca de la necesidad de promover actuaciones con carácter más definitivo y estructural. La zona de Calea Moşilor funcionaría como una experiencia prototípica que debía servir de ejemplo en toda la ciudad. Al fin y al cabo, había que superar el escepticismo generalizado hacia la cosa pública y extender la convicción de que, aparte de ser ineludible, la condición colectiva de la ciudad puede experimentarse sin imposiciones, con libertad y optimismo.

Descripción

Las cuatro intervenciones realizadas hasta ahora luchan contra la mediocridad gris de los bloques socialistas sobreponiéndole el reclamo cálido del color naranja. La primera, situada en el extremo norte de Calea Moşilor, se titula «Un pasaje entre dos mundos». Consistió en pintar de color naranja las paredes y el techo de un pasaje estrecho y sombrío que atraviesa un bloque de viviendas conectando la plaza Obor con el tejido histórico trasero. La pintura, que respeta lienzos rectangulares del muro original donde quedan enmarcados los grafitis preexistentes, dignifica el espacio y lo transforma en una especie de galería de arte que expresa la superposición de capas históricas característica del palimpsesto urbano.

Una línea de puntos naranjas arranca del suelo del pasaje e, invitándonos a seguirla, se adentra hacia el barrio trasero, donde debe esquivar un mar de coches mal aparcados. Lleva hasta la segunda intervención, bautizada «Un lugar para la comunidad» y ubicada en el intersticio que separa dos estaciones transformadoras. El espacio, antes yermo y descuidado, se ha convertido en un lugar de encuentro a medio camino de la pista deportiva y el patio de recreo. Se ha pintado el suelo de naranja y, al pie de una nueva valla de malla metálica, se ha dispuesto un banco del mismo color. El banco tiene un volumen caprichoso y alegre que invita a sentarse para comer o estar de charla.

Cerca de medio kilómetro hacia el suroeste, al otro lado de Calea Moşilor, se halla la tercera intervención. Como su nombre indica, «Por favor, pisen el césped» quiere ser un alegato en favor de la apropiación comunitaria de un parterre rodeado por una valla metálica. Se ha dispuesto un mueble, siempre de color naranja, que hace las veces de banco para sentarse y de escalera para saltar al césped. Una vez dentro, aún hay una silla naranja y un bloque prismático del mismo color que sirve como mesa o reposapiés.

Por último, la cuarta intervención se denomina «Una sala de estar urbana». Está medio kilómetro más abajo, en el rincón que las medianeras de dos casas antiguas forman a la sombra de un bloque residencial. Ahí se ha dispuesto un gran cajón lleno de grava que sirve para jugar y que, como una alfombra doméstica, está rodeado de sillas. Al ser recicladas, todas las sillas son distintas, aunque se han pintado del mismo naranja. También se les ha serrado las patas para fijarlas sobre un murete de piedra antiguo. En la medianera, un marco y un perchero terminan de dar un ambiente casero. Son tan naranjas como las sillas y el canto del cajón de grava.

Valoración

Desde un punto de vista materialista, los «Bloques mágicos» se pueden juzgar como una respuesta limitada y simbólica a un problema tan grande como grave. Sin embargo, el naranja chillón y optimista que los unifica no solo señala puntos problemáticos, sino que también los propone como lugares de oportunidad. En efecto, más allá de la generosidad y el voluntarismo de los promotores, parte del valor de los «Bloques mágicos» reside en la posibilidad de que actúen como detonante de una mayor actuación a gran escala que cuente siempre con la complicidad de la sociedad.

Al mismo tiempo, también poseen valor pedagógico. Parece ser que las intervenciones han sido bien recibidas por los vecinos, salvo «Una sala de estar urbana», que, por su voluntad de domesticar la calle, fue mayoritariamente entendida como una transgresión de la privacidad. Aceptadas o no, las intervenciones nos indican hasta qué punto la necesidad de espacios de encuentro convive aún con los recelos contra la cosa pública. También nos aportan una buena lección: en la ciudad, tan desastroso puede ser el individualismo de la indiferencia como las políticas antidemocráticas impuestas de arriba abajo.

David Bravo │ Traducción de Maria Llopis


[Última actualización: 01/12/2021]

Ficha técnica

CIUDAD: Bucarest
PAÍS: Rumania
INICIO DEL PROYECTO: 2010
INICIO DE LAS OBRAS: 2010
FINAL DE LAS OBRAS: 2010
DIRECCIÓN DE OBRA: Zeppelin & Point 4 & Archis Interventions & Hackenbroich Architekten & studioBASAR
CONSTRUCTORA: Zeppelin & Point 4 & Archis Interventions & Hackenbroich Architekten & studioBASAR
SUPERFICIE: 440.000 m²
COSTE: 21.000 €

Créditos

PROMOTOR:
Institutul Cultural Roman - Programul Cantemir, ERSTE Stiftung, ERSTE Stiftung

AUTORES:
Point 4, Zeppelin, Archis Interventions, Hackenbroich Architekten, studioBASAR


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