Projects Frontend Portlet

  • FINALISTA 2012

Museo de Arte Sacro y plaza de España

Adeje (España), 2011

El nuevo Museo de Arte Sacro aprovecha la accidentada topografía del barranco en que se emplaza para ofrecer al casco histórico una cubierta con la doble condición de plaza y mirador.

Estado anterior

El casco antiguo de Adeje reposa sobre la cornisa occidental de una profunda hondonada denominada Barranco del Infierno, al sur de la isla de Tenerife. En el borde del precipicio, que forma parte de una reserva natural donde las aguas que fluyen del Teide han esculpido una orografía abismal, está la plaza de España, el centro representativo de la ciudad. A pesar de ser la sede del Ayuntamiento, que la flanquea al sur, y de la iglesia de Santa Úrsula, patrimonio protegido del siglo XV que la cierra por el norte, la plaza tiene una posición excéntrica dentro del tejido urbano. Es causa de ello su propia geografía, que siempre ha bloqueado el crecimiento de la ciudad hacia oriente. También las urbanizaciones turísticas de la costa, que, separadas unos cuatro kilómetros, han vivido durante las últimas décadas una fuerte expansión que ha acabado desplazando el centro de gravedad económico y demográfico del municipio. A medida que la plaza quedaba arrinconada, se perdía su representatividad. Agravaba la situación el par de casas que la delimitaban por el este y que, aparte de ofrecerles fachadas mediocres y degradadas, la empequeñecían considerablemente y evitaban que pudieran celebrarse en ella actos multitudinarios. Pero quizá su peor efecto era que taponaban la salida de la plaza hacia el Barranco del Infierno, impidiendo que pudiera asomarse a él y que participara de unas majestuosas vistas.

Objeto de la intervención

En 2006, el Ayuntamiento convocó un concurso para dotar a la plaza de un nuevo equipamiento público que la ayudara a recuperar la representatividad perdida. Además de ser significativo para la identidad colectiva de los vecinos, el edificio debía funcionar como un polo de atracción de visitantes que enriqueciera la actividad comercial y cultural de sus alrededores. Aunque en un primer momento se propuso que acogiera un museo etnográfico, se acabó optando por trasladar y ampliar la colección de arte sacro hasta entonces expuesta en la iglesia del antiguo convento de Nuestra Señora de Guadalupe. Testigo singular del barroco canario, este templo es el último vestigio del convento franciscano que fue derribado para construir el edificio del consistorio. Con la adquisición de una colección privada, el Ayuntamiento consolidó el fondo del futuro museo, formado por valiosas piezas que van del Medievo al siglo XIX.

Por otro lado, si se resolvía bien la ubicación del nuevo edificio, no solo se podía agrandar la plaza de España para que fuera capaz de acoger más eventos comunales, sino que también se la podía poner en relación visual con el paisaje del Barranco del Infierno. Al fin y al cabo, si el museo y el mirador lograban seducir a una parte de los dos millones de visitantes que recibe anualmente la costa del término municipal, el casco histórico se podía beneficiar de un turismo cultural y de calidad, alternativo al de sol y playa.

Descripción

La intervención realizada resolvió el doble reto de ampliar la plaza e introducir en ella un nuevo equipamiento. Una vez derribado el par de casas degradadas del lado este, el nuevo museo de arte sacro ocupó el borde del barranco de tal modo que su cubierta extiende la superficie de la plaza y la proyecta hacia el abismo. La mayor parte del programa del edificio se desarrolla en niveles subterráneos. Por encima de la cota de calle solo emergen una torre esbelta, de más de veinte metros de altura, y la cafetería del museo. La primera, situada tangencialmente en la fachada de la iglesia de Santa Úrsula, apenas entorpece las vistas de la plaza hacia el barranco; la segunda no lo hace de ninguna forma, ya que se esconde detrás de la testera del templo, desde donde también goza de la panorámica a través de una terraza mirador que activa la plaza.

Pavimentada con losas de piedra basáltica negra, la superficie de la plaza se ha ampliado dos veces y media. Además, se ha mejorado tanto su accesibilidad como la relación que establece con los elementos que la delimitan. El borde occidental se ha deshecho de la balaustrada que entorpecía la relación con la calle Grande. El suelo se pliega en el lado norte para formar una amplia escalinata que sube hacia la fachada de la iglesia de Santa Úrsula. A levante, hace lo mismo para generar una gradería descendente que se orienta hacia el paisaje y permite rematar el lado libre de la plaza sin que ningún antepecho o barandilla obstruya sus visuales. En el lado meridional, una serie de escaleras alineadas con la fachada del Ayuntamiento conectan la plaza con el nivel inferior del paseo de ronda perimetral que resigue la cornisa del precipicio.

En este nivel, una planta por debajo de la cafetería, se halla el vestíbulo de acceso al museo, precedido de una terraza cubierta que enmarca el barranco. El canto de la losa que cubre esa terraza, junto con el campanario, el techo de la cafetería y los antepechos del paseo de ronda, forman un juego de planos de hormigón que confieren un aspecto telúrico a la nueva fachada urbana que el casco antiguo ofrece al barranco. Por debajo del nivel de la terraza de acceso, el espacio expositivo aun consta de dos plantas, completamente enterradas e iluminadas con la claridad cenital que se cuela por los dos pozos de luz de sus extremos. Uno de los pozos es el propio ojo de la escalera que sube por el núcleo del campanario; el otro es una gran grieta que culmina el lado norte del edificio.

Valoración

Lamentablemente, el estallido de la crisis ha hecho que el museo aun no haya podido abrir sus puertas. Las piezas de su fondo están siendo restauradas en dependencias municipales mientras esperan a que se cuente con la financiación necesaria para concluir los espacios expositivos que deben acogerlas. De momento, sin embargo, la intervención ya ha alcanzado buena parte de sus objetivos. Ahora, la plaza tiene el tamaño suficiente para acoger ferias, mercados, conciertos y ceremonias. Además, ha ganado el atractivo de un formidable mirador que relaciona el casco histórico con el paisaje que lo enmarca, al mismo tiempo que ha embellecido la fachada que el viejo Adeje ofrece al Barranco del Infierno.

David Bravo │ Traducción de Maria Llopis

[Última actualización: 18/06/2018]

Ficha técnica

CIUDAD: Adeje
PAÍS: España
INICIO DEL PROYECTO: 2006
INICIO DE LAS OBRAS: 2008
FINAL DE LAS OBRAS: 2011
SUPERFICIE: 5.575 m²
COSTE: 3.755.000 €
WEB: www.menis.es

Créditos

PROMOTOR:
AYUNTAMIENTO DE ADEJE

AUTORES:
MENIS ARQUITECTOS


Documentos relacionados