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  • FINALISTA 2012

Cantilever Balcony&Main Square

Almazán (España), 2011

La reforma de la plaza mayor pone en valor sus edificios románicos y la relaciona con el paisaje del río Duero a través de un mirador en voladizo.

Estado anterior

Erigida en lo alto de un cerro en la orilla izquierda del Duelo, la villa de Almazán es conocida por el conjunto románico que forman sus murallas y la plaza Mayor. El recinto amurallado, del siglo XII, conserva tres de sus siete puertas originarias, así como un par de postigos menores. Entre las primeras, caracterizadas por las torres que las flanquean y sus arcos ojivales con techo abovedado, está la Puerta de la Villa, completada con una torre relojera del siglo XIX. Está adosada al Ayuntamiento y es la entrada septentrional de la plaza Mayor.

Entre los segundos, el postigo de San Miguel da a la misma plaza. Lo hace a través de un pequeño arco de medio punto cubierto con bóveda de cañón y abierto en el lienzo de muralla que cierra la plaza por poniente, entre la iglesia románica de San Miguel (siglo XII) y el palacio de los Hurtado de Mendoza (siglo XV). La estrecha apertura es el único medio que tiene la plaza de asomarse al formidable paisaje que ofrece la cuenca del Duero, unos veinte metros más abajo. Salva el desnivel la Travesía del Rastro, que, con forzada inclinación, resigue las traseras del ayuntamiento y la iglesia para llegar al paseo ribereño de la Ronda del Duero. Desde ahí, una pasarela peatonal cruza hasta la otra orilla, donde está el Parque de la Alameda, el frondoso bosque que embellece las vistas de la plaza.

A pesar de su indiscutible valor patrimonial y paisajístico, la plaza mayor estaba desmejorada. Por un lado, los coches mal aparcados la invadían indiscriminadamente. Por el otro, su firme, que sería perfectamente rectangular de no ser por la cuña triangular que genera un rincón a poniente, estaba repleto de obstáculos. Árboles, estatuas, parterres, peldaños y bordillos entorpecían la visión de sus fachadas o rompían la continuidad de su estropeado pavimento.

Objeto de la intervención

En 2008, las deficiencias recogidas por los vecinos sirvieron para redactar las bases de un concurso público que, convocado por el Ayuntamiento y el Ministerio de Fomento, planteaba la reordenación de la plaza. Debía liberarse el suelo de obstáculos y darle la neutralidad necesaria para que, tanto de día como de noche, dejara de entrar en conflicto con el carácter monumental de sus fachadas. La reforma, presupuestada en dos millones y medio de euros, exigía que se respetaran las redes de infraestructuras y servicios existentes, que habían sido recientemente enterradas, y que se instalaran contenedores subterráneos para la recogida selectiva de residuos. También había que mejorar su relación visual con la cuenca del Duero, así como facilitar y evidenciar el acceso al paseo de ribera inferior.

Descripción

Ahora, los coches solo pueden circular por los lados sur y este de la plaza, donde se han creado apenas ocho plazas de aparcamiento en batería. El paso de vehículos, junto con el rincón occidental donde se hallan el palacio y la muralla, se han resuelto con un empedrado de granito sobre el que se ha empotrado una retícula de luces de baja intensidad. La zona empedrada dibuja una tira perimetral que abarca el área central de la plaza. Esta área, que supone la mayor parte de la superficie, está recubierta con un pavimento de piezas cerámicas y totalmente despojada de cualquier elemento de mobiliario urbano. Los pivotes que impiden el paso de vehículos, un árbol preexistente y una serie de bancos prismáticos con luces fluorescentes incorporadas se alinean a lo largo de un bordillo enrasado que separa ambos pavimentos.

El área central recoge las fachadas del Ayuntamiento y la iglesia de San Miguel, edificios separados por un intersticio en el que se encuentra el único imbornal de desagüe de la plaza. Recubierto con una reja circular de bronce de más de un metro de diámetro, el imbornal tiene una anilla metálica sobre la que hay inscripciones radiales que hacen referencia a fechas históricas o a puntos geográficos relacionados con Almazán. Es, además, el centro de replanteo de los despieces de los dos pavimentos de la plaza, ya que tanto el empedrado de granito como el aplacado cerámico describen círculos concéntricos a su alrededor.

En el rincón de poniente, entre la iglesia y el palacio, se ha replantado un gran árbol preexistente. A su lado está el postigo de San Miguel, que ahora da paso a un mirador en voladizo empotrado en el paramento exterior de la muralla. Su planta trapezoidal, que arranca con la estrechez del postigo y se ensancha a medida que se aleja del mismo, le da un aire desafiante y atrevido. El mirador vuela más de catorce metros hacia el paisaje. Lo soporta una estructura de acero Corten anclada con veinticuatro pernos y rellenada con vigas de madera laminada. Tiene como pavimento una tarima de latas de madera de cincuenta metros cuadrados y lo rodea una barandilla metálica, de barrotes verticales.

Por último, del intersticio que separa la iglesia y el ayuntamiento arranca una nueva escalera que baja hacia la Travesía del Rastro. La esconde una celosía de lamas verticales de acero Corten que extiende un lienzo abstracto y ligero sobre la materialidad de la muralla. El descenso hacia la Ronda del Duero se hace a través de una rampa que cae nueve metros. Es de trazado rectilíneo, pero sus bordes se cierran paulatinamente engañando la perspectiva. Una vez se encuentra con el paseo, la rampa vuelve a abrirse formando un nuevo mirador exactamente igual que el del postigo de San Miguel. Este, sin embargo, vuela a tres metros de las aguas del Duero.

Valoración

Recuperada la plaza mayor como lugar de encuentro y de recreo, los vecinos de Almazán ocupan las terrazas de los cafés y dan usos muy diversos a la explanada central. Los visitantes, principal motor de la economía local, pueden admirar mejor que nunca el románico de sus fachadas y las prodigiosas vistas que les regala el mirador. Tanto unos como otros usan la plaza como punto de partida del bello recorrido hacia la Ronda del Duero y el Parque de la Alameda.

Desaparecidas la hegemonía del coche, la profusión de obstáculos visuales y la discontinuidad interpuesta por las barreas arquitectónicas, la plaza luce todo su esplendor gracias a una intervención netamente contemporánea pero respetuosa con las preexistencias. El espacio ha adquirido la rotundidad de un lugar mayor cargado con pulsiones muy contrapuestas. Por un lado, en un guiño a la arquetípica Piazza del Campo de Siena, nos congrega con la inconfundible fuerza centrípeta expresada por la recogida centralizada del agua. Por el otro, nos proyecta hacia el horizonte con el impulso centrífugo de los dos miradores que vuelan sobre el Duero.

David Bravo Bordas, arquitecto

[Última actualización: 02/05/2018]

Ficha técnica

CIUDAD: Almazán
PAÍS: España
INICIO DEL PROYECTO: 2008
INICIO DE LAS OBRAS: 2010
FINAL DE LAS OBRAS: 2011
DIRECCIÓN DE OBRA: Plaza Mayor de Almazán
CONSTRUCTORA: UTE ALMAZAN (HORMIPRESA+ROVER ALCISA)
SUPERFICIE: 6.900 m²
COSTE: 2.453.000 €

Créditos

PROMOTOR:
AYUNTAMIENTO DE ALMAZÁN, MINISTERIO DE FOMENTO / DIRECCIÓN GENERAL VIVIENDA

AUTORES:
Churtichaga+Quadra-Salcedo Arquitectos Josemaria de Churtichaga

COLABORADORES:
Nathanael Lopez, Mauro Doncel, Joaquín Riveiro, Martín Bilbao, Juan de la Torre.

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