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  • FINALISTA 2012

Fallen firemen memorial

Murter-Kornati (Croacia), 2010

Varios muros de piedra seca dibujan doce cruces de tamaño megalítico sobre el paisaje pedregoso de la isla de Kornat para conmemorar la trágica muerte de sendos bomberos en acto de servicio.

Estado anterior

El 30 de agosto de 2007 fue una jornada trágica dentro de la historia croata de la lucha contra el fuego. El incendio declarado en el Parque Nacional de las Islas Kornati, delante de la costa dálmata, segó la vida de doce jóvenes bomberos. Avivado por un golpe de viento repentino, el fuego los rodeó al norte de la isla de Kornat, la mayor del archipiélago y origen de su nombre. Seis de las víctimas murieron en el acto por inhalación de humos. Los demás bomberos, afectados por graves quemaduras, fueron evacuados en helicóptero hasta Zagreb, donde también acabaron perdiendo la vida.

Aunque tuvo lugar en un país habituado a los incendios forestales, ya sean los de causas naturales, muy propios del clima mediterráneo, como los provocados por pirómanos, el acontecimiento fue motivo de polémica. Tanto las circunstancias de su origen como las de la propia operación de extinción quedaron poco aclaradas. Parece ser que el fuego pudo haber sido provocado y que los bomberos fueron expuestos innecesariamente al peligro, en un contexto desértico en el que, más allá del valor de la reserva natural, el fuego no amenazaba a personas ni bienes.

Como sus vecinas, la isla de Kornat tiene un paisaje seco y pedregoso, casi lunar. Sus bosques primigenios sucumbieron tiempo atrás bajo el ocupante veneciano, que los taló masivamente para construir su flota. Los isleños posteriores continuaron con ese proceso practicando el sobrepastoreo de ovejas y el cultivo exhaustivo de olivos. La erosión subsiguiente a la deforestación, espoleada por la ductilidad de un terreno calizo, esculpió un relieve cárstico, lleno de lenares rectilíneos que lo arañan siguiendo los caprichos del agua. La isla acabó el siglo XIX completamente despoblada y sus terrenos, repartidos entre los terratenientes de Murter-Kornati, el casco urbano más próximo. Bellos muros de piedra seca que protegen los olivares y encierran los rebaños delimitan aún las propiedades, descuartizando la isla bajo una parrilla abstracta que la convierte en un catastro petrificado.

Objeto de la intervención

En 2010, tres años después de la tragedia de Kornat, el condado de Šibenik-Knin decidió levantar un memorial a los doce bomberos caídos. El monumento debía tener un efecto catártico sobre un recuerdo traumático que, dada la repercusión mediática de los hechos, familiares y compañeros de las víctimas compartían con el resto de la sociedad croata. Al mismo tiempo, la intervención asumía el reto de minimizar el impacto sobre un contexto de alto valor natural y paisajístico.

Con el fin de hacer frente a ambas premisas, se adoptó una doble estrategia. Por un lado, se usaría un lenguaje propio del Land Art para combinar la carga significativa de la obra con un respeto dialéctico para con el paisaje. Por el otro, no solo se excluyó el uso de materiales y técnicas foráneas, sino que, desde los primeros borradores del proyecto, surgió la voluntad de que la construcción del memorial se realizara con la participación directa de voluntarios y sin intervención de medios mecánicos.

Descripción

Una capilla al aire libre da acceso al área del memorial. Dedicada a san Florián, patrón de los bomberos en la Europa Central, está formada por un simple muro de piedra seca que dibuja un círculo en torno a un altar destinado a acoger coronas de flores y velas. Consta de un mástil sujetado con vientos que permite desplegar una lona para cubrir actos concurridos. A partir de ahí, un camino zigzaguea subiendo por las laderas y resiguiendo las bases de doce grandes cruces que yacen sobre el terreno pedregoso.

Las seis cruces más alejadas de la capilla señalan los lugares exactos donde se recuperaron los cuerpos de los sendos bomberos asfixiados por el humo; el resto están dedicadas a los que murieron en el hospital. Todas las cruces tienen idéntico tamaño, pero varían de orientación para adoptar posiciones de consenso entre las directrices marcadas por los lenares del terreno y las de las pendientes de las laderas, que no siempre coinciden. Cada una de ellas está formada por el cruce de dos muros de piedra seca. Si bien ambos tienen un mismo ancho de 60 cm, su altura respecto al terreno oscila en torno a los 1,2 m y presentan dos longitudes diferentes. El tramo más largo siempre mide 25 m ladera abajo, mientras que el corto se queda en los 15,45 m para establecer con el otro una relación de proporciones áureas. La pendiente media del terreno, de un 25%, hace que el segmento largo presente una caída de unos diez metros entre sus extremos y esta inclinación permite que las cruces sean visibles desde la lejanía.

En cada cruz se ha inscrito el nombre de la víctima correspondiente. Cerca de la inscripción, los visitantes están invitados a añadir citas, versos y dedicatorias, de modo que, más allá del determinismo artístico, las cruces están abiertas a ser personalizadas por la gente a lo largo del tiempo. Pero esta no es la única participación colectiva de la que el memorial es deudor. Las cruces se levantaron con las manos de unos tres mil voluntarios procedentes de toda Croacia que, en un acto de homenaje no exento de esfuerzo, dificultades y peligros, aprendieron de expertos locales la antigua y casi olvidada técnica de construir muros de piedra seca.

Valoración

Esta insólita intervención desafía doblemente los límites del espacio público urbano. Por un lado, y más allá del hecho de que cerca del 90% de la población croata se declara católica, puede considerarse que, en el siglo XXI, la ostentación de símbolos religiosos es impropia del laicismo que se le supone a la cosa pública. Por el otro, no resulta fácil apreciar la dimensión urbana de un contexto tan despoblado. En cualquier caso, no puede negarse la eficacia que el símbolo de la cruz demuestra al marcar un punto preciso sobre el territorio. Menos aún cuando se materializa a través de un elemento tan propio del paisaje que lo acoge como el muro de piedra seca. Además, la historia del lugar nos demuestra que el de la isla de Kornat es un paisaje mucho más antrópico de lo que a primera vista podría parecer. Las diferentes explotaciones a las que ha sido sometido lo han alejado de la virginidad natural.

Sea como fuere, ambas extralimitaciones se explicarían por la voluntad de homenajear a doce personas que perdieron la vida al servicio del bien común. La simplicidad megalítica con que se manifiesta este memorial alcanza la trascendencia buscada sin atentar contra el lugar. Al mismo tiempo, mientras convierte los puntos dispersos en un conjunto coherente y unitario, respeta las peculiaridades de cada uno de ellos a través de las diferentes posturas que adoptan sobre el terreno. La mampostería de piedras brutas con diferentes tamaños refuerza la idea de que cada cruz es irrepetible. Y es la puesta en obra de estas piedras, levantadas delicadamente del propio suelo que las acoge, lo que, en una conmovedora ofrenda colectiva, consigue una fusión tan insólita como armónica entre monumento y paisaje.

David Bravo Bordas, arquitecto

[Última actualización: 02/05/2018]

Ficha técnica

CIUDAD: Murter-Kornati
PAÍS: Croacia
INICIO DEL PROYECTO: 2010
INICIO DE LAS OBRAS: 2010
FINAL DE LAS OBRAS: 2010
SUPERFICIE: 48.500 m²
COSTE: 240.000 €

Créditos

PROMOTOR:
Šibensko-kninska županija

AUTORES:
Nikola Bašić

COLABORADORES:
Barbara B. Stelluti, Zvonimir Bušić, Siniša Reberski.

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