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  • SELECCIÓN ARCHIVO 2008

Eco-bulevar en el nuevo ensanche de Vallecas

Madrid (España), 2008

Instalación de tres pabellones bioclimáticos que refrigeran el Bulevar de la Naturaleza del nuevo ensanche de Vallecas

Estado anterior

Desde 1959, cuando dejó de ser un municipio independiente y quedó anexionado a la ciudad de Madrid, Vallecas inició un crecimiento exponencial para dar cabida a un gran número de emigrantes procedentes del centro y el sur de España. Hoy en día, cuando ya abarca dos distritos en que se agrupan una serie de barrios de carácter marcadamente obrero, aún es tierra de acogida de una segunda inmigración procedente de todo el mundo y sigue expandiéndose vigorosamente hacia el sureste de la capital.

Desde los años noventa, el Plan de Actuación Urbanística de Vallecas está extendiendo un nuevo ensanche de manzanas cuadradas sobre una superficie de más de setecientas hectáreas, comprendida entre su casco antiguo y la autopista de circunvalación M-45. A pesar de que tenía que estar terminado en 2004 y que debe acoger más de 25.000 nuevas viviendas, buena parte del Ensanche de Vallecas sigue ofreciendo hoy el desolador paisaje de una extensa retícula urbanizada pero vacía. Las calles bautizadas y asfaltadas, las aceras pavimentadas, los pasos cebra trazados y los semáforos y las farolas plantados esperan en solitario la llegada de los edificios y sus futuros habitantes. En la mitad occidental del ensanche se halla uno de los sectores más consolidados, formado por una docena de manzanas en construcción vertebradas por el Bulevar de la Naturaleza, una avenida de cincuenta metros de ancho y quinientos de largo que discurre en dirección norte-sur.

Objeto de la intervención

Pese a que el bulevar ya se había urbanizado y apenas si había sido estrenado, en 2004, la empresa municipal de la vivienda EMV convocó un concurso de ideas para renovarlo. La apuesta que justificaba esta insólita decisión consistía en acelerar el proceso de dinamización de la actividad social en este espacio público, avanzándola así a la consolidación definitiva de la masa residencial que tiene que poblarla a largo plazo. El medio por el que se pretendía alcanzar este objetivo era hacerlo especialmente atractivo a los ojos de sus potenciales usuarios. A través del uso experimental de sistemas ecoeficientes y respetuosos con el medio ambiente, la intervención debía mejorar sensiblemente el confort climático de este espacio exterior durante los secos y calurosos veranos madrileños.

Descripción

La renovación del bulevar parte de la constatación de que el mejor acondicionamiento climático de un espacio urbano sometido a esta presión térmica debe venir dado por un arbolado tupido y espigado. Sin embargo, los jóvenes árboles plantados a lo largo de todo el bulevar ?que se han suplementado con nuevos ejemplares? aún tardarán tres o cuatro lustros en proporcionar la sombra y la humedad adecuadas. Por este motivo, se ha concentrado casi todo el esfuerzo de la actuación en la instalación temporal sobre el eje del paseo de tres grandes pabellones bioclimáticos denominados «árboles de aire».

Construido parcialmente con materiales de origen reciclado, cada uno de estos dispositivos efímeros, ligeros y desmontables presenta una estructura cilíndrica que rodea un gran vacío central. Elevado cuatro metros respecto al suelo, tiene una altura sobre rasante de unos veinte metros, un diámetro exterior de veinticinco y un radio interior de nueve. Está constituido por andamios metálicos que apoyan cinco paseras poligonales superpuestas. Las paseras son exclusivas para el mantenimiento y contienen jardineras con plantas trepadoras que deben cubrir el paramento interior del patio central. El paramento exterior del cilindro está formado por una secuencia de dieciséis conductos tubulares verticales.

Los conductos están coronados por captadores de viento orientables que les aportan aire caliente del exterior. Un ventilador que se activa cuando la temperatura exterior supera los 27 ºC impulsa el aire en sentido descendente. A medida que baja por el interior del conducto, el aire caliente atraviesa una nube de agua atomizada, producida por las plantas trepadoras, que lo humedece y refrigera. Este sistema pasivo, basado en técnicas de evapotranspiración aplicadas normalmente en invernaderos agrícolas, aumenta considerablemente la humedad relativa y es capaz de reducir unos 10 ºC la temperatura ambiente. Cada «árbol de aire» consume sólo la energía que es capaz de producir mediante ochenta metros cuadrados de paneles solares fotovoltaicos y que, aparte de alimentar los ventiladores y el alumbrado nocturno de bajo consumo, genera un superávit anual que se vende a la red eléctrica para financiar su mantenimiento.

En la base de cada pabellón hay un espacio circular fresco y accesible, protegido de los vientos dominantes por una duna perimetral de tierra compactada. Está recubierto con un pavimento continuo de caucho reciclado y equipado con bancos. Lo preside el gran hueco central del cilindro, revestido por las hojas de las plantas trepadoras y cubierto con una lona traslúcida que lo protege del sol. Transcurrido el tiempo preciso para que el arbolado del paseo alcance el tamaño y la densidad deseables, el hueco central puede aparecer como el claro de un bosque. Llegado ese momento, los «árboles de aire» también pueden ser desmantelados e instalados en otro espacio que requiera sus servicios.

Valoración

Elogiada por algunos, la insólita presencia de tres pabellones bioclimáticos en un espacio protourbano de por sí polémico, también ha despertado ciertas reacciones teñidas de recelo o escepticismo. Con el argumento de que la arquitectura más sostenible es aquella que no se construye, se ha puesto en entredicho la honestidad de sus proclamadas cualidades ecológicas y se ha acusado de excesivo su coste de ejecución o de artificioso su marcado carácter de cuerpo edificado. Estén o no justificados esos reproches, no es inusual que la polémica acompañe la aparición de elementos urbanos tan sorprendentes como los «árboles de aire».

El hecho de suscitar un vivo debate acerca de las soluciones con que la arquitectura puede contribuir a que la sociedad adopte un modelo más sostenible ya es de por sí algo positivo. Con o sin aprobación, la mirada de la opinión pública se ha fijado en el Ensanche de Vallecas, que ha empezado a ser un lugar concreto en el mapa de Madrid. Sean o no máquinas de refrigeración sostenible y de dinamización social, los tres pabellones poseen la extraña propiedad de evolucionar a lo largo del tiempo. Su doble naturaleza, al mismo tiempo cóncava y convexa, les permite reaccionar ante las transformaciones que debe experimentar su entorno. Hoy son objetos aislados, potentes hitos urbanos que destacan por oposición dentro de un espacio vacío y desolador. Pero mañana, su patio central o los claros que dejarán si son desmantelados les convertirá en huecos excepcionales dentro de la deseada densidad de una masa vegetal y edificatoria.

David Bravo Bordas, arquitecto

[Última actualización: 02/05/2018]

Ficha técnica

CIUDAD: Madrid
PAÍS: España
INICIO DEL PROYECTO: 2004
INICIO DE LAS OBRAS: 2005
FINAL DE LAS OBRAS: 2006
SUPERFICIE: 5.000 m²
COSTE: 2.600.000 €
WEB: www.ecosistemaurbano.com

Créditos


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