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  • SELECCIÓN ARCHIVO 2008

Passeig dels Cims

Barcelona (España), 2008

Ordenación y mejora de la accesibilidad de la parte alta de la montaña de Montjuïc

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Con una cresta alargada y paralela al mar, sobre el que se eleva hasta poco menos de doscientos metros, Montjuïc es un promontorio aislado que separa el delta del río Llobregat del casco antiguo de Barcelona. Su ladera noroccidental cae suavemente hacia el llano de Barcelona, mientras que la ladera marítima forma un acantilado seco y abrupto, El Morrot, que se yergue como telón de fondo del puerto de mercancías. La altura y posición de la montaña le han otorgado un relevante papel en la historia de la ciudad. Con la arenisca de sus canteras, que ya se extraía en tiempos de los romanos, se ha construido buena parte de los edificios nobles de Barcelona y se han hallado restos de un poblado ibérico de los siglos III y II aC. Conserva, asimismo, los vestigios de un cementerio judío de la edad media que probablemente le dio nombre ?Montjuïc significa «Monte de los Judíos» en catalán antiguo? y, desde 1883, acoge el Cementerio del Suroeste, el mayor de la ciudad, que exhibe excelentes muestras de arquitectura funeraria modernista. En 1929, la construcción del recinto de la Exposición Universal, que aún hoy es un espacio ferial de referencia internacional, supuso la ordenación de las cotas bajas de la ladera septentrional de la montaña y su integración en el tejido urbano. Las cotas medias de esta ladera albergan la Anilla Olímpica de los Juegos de verano de 1992, así como un buen número de museos y teatros.

Salvo todas las dotaciones culturales y deportivas que la han ido colonizando en diferentes etapas y de forma fragmentaria, la montaña conserva una extensa masa vegetal. Ello, junto con las espléndidas vistas que ofrece sobre el mar y la ciudad, la convierte en un atractivo lugar de recreo que compensa las dificultades de acceso interpuestas por la topografía. Estas dificultades se redujeron considerablemente con motivo de la Exposición Universal, cuando se construyó un funicular que conecta la red de metro con la zona de Miramar, en la punta oriental de la montaña, y en 1931, con la entrada en funcionamiento del Teleférico del Puerto, que une esta misma zona con el barrio portuario de la Barceloneta. En 1969 se puso en servicio un segundo teleférico que complementaba el funicular para cubrir las necesidades de acceso a la parte alta de la montaña, el último espacio del que la ciudad todavía no se había apropiado.

Allí hay una fortaleza militar que se construyó en 1751, aprovechando la importancia estratégica de la cumbre y que, desde entonces, ha protagonizado una funesta historia que explica que los barceloneses no hayan considerado siempre con simpatía la montaña. Lejos de desempeñar un papel defensivo, sus cañones no apuntan al mar sino a la propia ciudad, que, a mediados del siglo XIX, vio sofocadas sus revueltas populares con varios bombardeos indiscriminados. Durante el resto del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, la fortaleza sirvió para encarcelar, torturar o ejecutar a personas que, en diferentes situaciones, se habían opuesto al poder establecido. El castillo se utilizó como cárcel hasta 1960, cuando fue parcialmente cedido a la ciudad y se convirtió en museo militar.

A partir de ese momento, la parte alta de Montjuïc inició un primer movimiento de reconciliación con la ciudad. En 1966 se inauguró un parque de atracciones privado que, durante más de treinta años, tuvo muy buena acogida por parte de la población. Tres años después se ordenaron los terrenos que bajan desde el castillo hasta Miramar, con la creación del Mirador del Alcalde. Este belvedere con formidables vistas sobre Barcelona conforma una sucesión de terrazas ajardinadas y pavimentadas con un peculiar collage de cerca de 3.000 metros cuadrados, elaborado por el artista Joan Josep Tharrats a partir de la incrustación en hormigón de culos de botella, fragmentos de cerámica y piezas metálicas de maquinaria. Sin embargo, con el cambio de milenio, y a pesar de su paulatina desmilitarización, el acercamiento de la parte alta de Montjuïc a la población civil seguía siendo una asignatura pendiente. El teleférico que complementaba al funicular había dejado de funcionar y el vehículo privado era el principal medio para alcanzar la cumbre. Obsoleto y decadente, el parque de atracciones fue clausurado y el paso del tiempo, con la ayuda de un lento desprendimiento de tierras, había estropeado seriamente el Mirador del Alcalde. Además, El Morrot y los terrenos naturales que separan el castillo del Cementerio del Suroeste, que nunca llegaron a ser urbanizados, eran espacios residuales e inhóspitos, incluso peligrosos al caer la noche.

Objeto de la intervención

A partir de 1998, el organismo metropolitano Barcelona Regional se plantea la posibilidad de consolidar íntegramente la zona y rescatarla definitivamente de su marginalidad. La creación de un gran parque mirador que la haga plenamente accesible y que estructure sus componentes toma forma en el concepto de la «Acrópolis Verde», a partir del que se sientan las bases para un concurso de ideas que se convoca en 2001.

Los objetivos de la solución definitivamente adoptada son ambiciosos. La intervención debe respetar y potenciar el carácter natural de la «Acrópolis Verde» y, al mismo tiempo, facilitar e intensificar su uso por parte de la población mejorando su acceso y haciéndola atractiva. Como base de partida se plantea modernizar y abrir de nuevo las instalaciones del Teleférico de Montjuïc, de modo que su llegada a la cumbre constituya el acceso principal de la «Acrópolis Verde».

Este punto culminante será, en realidad, el inicio de una red de recorridos posibles que tendrán siempre el aliciente de ser descendientes y estar encarados hacia las diferentes vistas panorámicas. Los recorridos se estructurarán a lo largo del Passeig dels Cims, un eje principal de casi dos kilómetros y medio de longitud que reseguirá la cresta de la montaña vinculando sus preexistencias y que se dinamizará con la polaridad de sus dos extremos. Uno estará situado en la Porta Forestier, al pie de Miramar, punto de llegada del Teleférico del Puerto y en contacto directo con el barrio del Poble Sec. El otro se ubicará al suroeste, muy cerca del barrio de la Zona Franca y en conexión con la futura línea 9 del Metro. El castillo, punto central del paseo, fue definitivamente cedido a la ciudad en 2007 y se prevé que próximamente sea restaurado y convertido en el Centro de la Paz.

Descripción

La parte de la intervención ejecutada hasta el momento corresponde a la mitad nororiental del Passeig dels Cims, un tramo de un kilómetro de longitud que se estructura sobre las preexistencias de la carretera de Montjuïc y la Avinguda del Castell. Estas dos vías de tráfico rodado, que se suceden para salvar un desnivel de ciento treinta metros, han sido complementadas con un sistema de recorridos exclusivos para ciclistas y peatones. Algunos de estos itinerarios discurren paralelamente a los ejes de las vías existentes, ampliando considerablemente las anteriores aceras, mientras que otras zigzaguean sobre los terrenos limítrofes para suavizar su pendiente. Están separados por taludes en los que se ha respetado e intensificado la vegetación existente y, de vez en cuando, se ensanchan formando rellanos con áreas de juegos, zonas de descanso y chiringuitos.

La carretera de Montjuïc, que constituye el tramo inferior del paseo, arranca de la Plaça de Carles Ibáñez, a sesenta y dos metros por encima del nivel del mar, donde está Miramar y la estación terminal del Teleférico del Puerto. Después serpentea hasta llegar al Mirador del Alcalde, en el que se ha estabilizado el terreno con el empotramiento de veinte micropilotes, se ha restaurado minuciosamente el collage de Tharrats y se han renovado las barandillas, el alumbrado y el mobiliario urbano.

Desde el mirador, el tramo superior del paseo acompaña la Avinguda del Castell hasta la cumbre de la montaña, a ciento noventa y dos metros por encima del nivel del mar. La acera de la avenida, que en algunos tramos tenía sólo un metro de ancho, se ha ampliado hasta los cinco metros y su pavimento se ha reconstruido con una capa de hormigón claro, en que se han incrustado piezas metálicas recuperadas del collage del Mirador del Alcalde. También se ha renovado el antiguo aparcamiento del parque de atracciones, adyacente a la avenida. Sus plataformas son ahora terrazas ajardinadas que se han conectado mediante rampas y escaleras para definir un recorrido que llega hasta la antigua fortaleza militar.

Al pie del edificio se ha enterrado un depósito que acumula agua bombeada desde el subsuelo de la ciudad y que alimenta un sistema de riego por goteo que abastece toda la vegetación del paseo. La estación terminal del Teleférico, que antes coronaba el castillo de modo aparatoso, ha sido desmantelada y reemplazada por una nueva estación situada al lado. Salvo ese cambio, el nuevo Teleférico de Montjuïc mantiene el mismo recorrido que el antiguo, aunque ahora los postes que sujetan sus cables nacen de los taludes vegetales que acompañan el Passeig dels Cims. La estación intermedia, situada cerca del Mirador del Alcalde, y la estación inferior, que lo conecta con el Funicular de Montjuïc, también han sido levantadas de nuevo siguiendo un esquema de planta libre que permite relacionarlas con el paisaje y abrirlas hacia las vistas. Sus instalaciones han sido totalmente actualizadas para que alcancen una capacidad muy superior ?2.500 usuarios por hora? y para hacerlas accesibles a bicicletas y a personas con movilidad reducida.

Valoración

La inauguración de la primera fase ejecutada del Passeig dels Cims ha estado acompañada de un cierto grado de polémica en torno al precio del billete del nuevo Funicular del Castell, que, de modo sorprendente, no se ha integrado dentro del sistema tarifario de los Transportes Metropolitanos de Barcelona. A excepción de este hecho, que, ciertamente, contradice la voluntad de acercar la montaña a los ciudadanos, no hay duda alguna de que la intervención, cuando esté finalizada, puede contribuir en buena medida a allanar el camino hacia la reconciliación definitiva entre la ciudad y la parte alta de Montjuïc. La mitad occidental del Passeig dels Cims debe conectar aún la montaña con la Zona Franca; hay que dar un nuevo uso al castillo; deben recuperarse los vestigios arqueológicos como el cementerio judío, las canteras romanas o el poblado ibérico; pero la fase ejecutada ya da muestras palpables de esa reconciliación.

Lo hace, como era de prever, mejorando sustancialmente la accesibilidad de las cumbres y subrayando sus principales atractivos, pero con una actitud que, paradójicamente, es al mismo tiempo modesta y generosa. Es generosa porque, a pesar de las connotaciones negativas que tenía la cresta, evita la política de la tabula rasa e integra las preexistencias a través de su reconversión. Es modesta porque, contrariamente a lo sucedido con las cotas medias y bajas, urbanizadas a golpe de gran acontecimiento, ordena una zona extensa con pocos medios y sin necesidad de ninguna coartada programática.

Esta vez, desde un estado parecido a la madurez, la montaña se acepta a sí misma y, a través de pequeñas operaciones cargadas de precisión y eficacia, potencia sus mejores cualidades ?las vistas, el carácter natural? y atenúa los errores cometidos sin renegar de los mismos. Sin replantearlas, se logra amortiguar el impacto de unas vías mal trazadas y exclusivamente dirigidas al vehículo privado; sin renunciar a sus cualidades plásticas, se llega a transformar la decadente apariencia de un mirador autodedicado a un alcalde franquista; sin derribarlo, se consigue la belleza natural de un jardín en el aparcamiento obsoleto de un parque de atracciones; sin borrarla del mapa, se conquista una nefasta fortaleza militar que, definitivamente, está preparada para pasar a manos de la sociedad civil.

David Bravo Bordas, arquitecto

[Última actualización: 02/05/2018]

Ficha técnica

CIUDAD: Barcelona
PAÍS: España
INICIO DEL PROYECTO: 2002
INICIO DE LAS OBRAS: 2006
FINAL DE LAS OBRAS: 2008
SUPERFICIE: 14.500 m²
COSTE: 12.980.000 €

Créditos

COLABORADORES:
Imma Jansana Ferrer, Albert Bestard, Benedicto, BOMA Estructures, Zeta/J Mirabet, Anna Planas, Elena Valls, Ana Stakic, Robert Berenguer, Álvaro Fernández, César Vivas, Cristina Goenaga

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