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2 marzo 2015

«El espacio público es un lugar donde hay una condición momentánea de igualdad»

Espacios compartidos con

[Castellano con subt. inglés | 00:09:41]

La socióloga habla de las expulsiones sociales del sistema y reivindica la toma del control de la calle por parte del peatón: desritualizar el espacio público de las megaciudades ante su creciente sobredeterminación.

Espacios compartidos grabó esta charla con Saskia Sassen en febrero de 2015, cuando la socióloga visitó el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) para impartir la conferencia «Justicia e igualdad», dentro del ciclo «Debate de Barcelona 2015 - Tomar la palabra». Uno de los temas tratados en la conferencia fue el término expulsión –social–, que ella distingue del término exclusión –social–. La diferencia radica en que la segunda se da dentro del sistema –donde, por tanto, puedes volver a entrar–, mientras que la segunda no lo permite.

La exclusión se produce cuando «una condición familiar toma una forma extrema y sale de los umbrales del sistema, volviéndose invisible conceptualmente hablando porque nuestras categorías de análisis y de interpretación que tenemos no lo permiten». Estas condiciones son, por ejemplo, trozos de la biosfera, sistemas de supervivencia o colectivos de personas, formaciones sociales –como pobres, enfermos o los homeless–. La socióloga defiende que, para que las condiciones tomen esta forma extrema de invisibilidad, existe un proceso que lleva a los acontecimientos, es decir, que los hechos no suceden por sí solos, sino que somos nosotros mismos quienes los provocamos.

Para revertir la situación, Sassen apuesta por la existencia de la indeterminación en la calle, es decir, la desritualización de los espacios con códigos incrustados sobre qué es lo que hay que hacer: «el espacio público es un lugar donde hay una condición momentánea de igualdad». Aunque cree que esta realmente no existe, piensa que se muestra cuando nuestras trayectorias se encuentran, ya sea en el transporte público, en la plaza o en la calle.

De este modo, identifica lo público como política, y reivindica que el peatón tome el control de la calle y haga su propia cultura ante la sobredeterminación en que los nuevos espacios públicos, las megaciudades, están cayendo –por ejemplo, mediante la construcción de megaproyectos o con la existencia de parques públicos cerrados con llave–. A su juicio, esto provocará que, en el futuro, muchas ciudades, sobreusadas, deban ser reconstruidas.

Con todo ello, no es extraño que Sassen elija como espacio público preferido no un espacio físico concreto, sino aquellas situaciones en que la indeterminación de la calle supone que el peatón pueda controlarlo. Y pone como ejemplo el caso de Bombay, donde «tienen un coche enorme, pesado, detrás, y ellos andan rectos, y ni siquiera se giran. Creo que esto es un poco el futuro».



 

 

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