A pesar de las continuas privatizaciones, el mundo de los elementos —agua, tierra, aire y fuego— se resiste a la apropiación. Su rasgo distintivo es, precisamente, su carácter público. Entre los elementos clásicos, el fuego mantiene una relación especial con la esfera pública: hace visibles a los seres humanos y los vivifica con su calor.
A lo largo de diversas tradiciones culturales, los antiguos consideraban el Sol como una condensación de fuego celeste y como el ojo divino en el cielo (o, en ocasiones, el ojo de un animal cósmico gigante en el origen del universo), que observaba los acontecimientos y les confería visibilidad. Al mismo tiempo, la esfera pública, más que un espacio plenamente iluminado, es una zona de claroscuros. Preservar y nutrir su opacidad, a veces, podría ser tan vital como insistir en los ideales de transparencia, universalidad e igualdad de acceso.
Desplegando esta paradoja, el filósofo Michael Marder reflexiona en esta sesión sobre el carácter público del Sol y de la luz y explora el vínculo con la esfera pública y política.
Precios
3 € Gratis – Amigos del CCCB, personas en paro, carnet de docente de la Generalitat, jubilados con la Tarjeta Rosa.



