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9 junio 2021

La logística: la negación del espacio público

Clare Lyster

Centerpoint Logistics Park, Illinois, courtesy of Google Pro

Las tecnologías logísticas hacen completamente viable vivir sin la ciudad. La pandemia ha acelerado una utopía logística.

p>Uno de los principales desafíos al que se enfrentan nuestras ciudades es el de cómo gestionar el impacto de las redes logísticas emergentes en la ciudad. Me refiero a las nuevas plataformas espaciotemporales corporativas que permiten la rápida distribución y circulación de personas, bienes e información dentro del entorno construido y a su alrededor. Por ejemplo, Amazon, Federal Express (DHL), Deliveroo, Netflix y Uber, entre otras, han ido ganando terreno en nuestra vida cotidiana con unos servicios basados en tecnologías sofisticadas y sistemas de información que coordinan de forma impecable los flujos de bienes y servicios que llegan a la ciudad o se mueven en su periferia todos los días. Debido a los numerosos confinamientos decretados en toda Europa durante la COVID (que todavía son una realidad mientras escribo este texto), hemos entrado de lleno en una incipiente forma de vida caracterizada por los servicios bajo demanda. Compramos y trabajamos en línea, nuestros hijos estudian en reuniones virtuales y han aumentado espectacularmente las suscripciones a plataformas de streaming como Netflix, Hulu y Twitch, entre otras, que nos entretienen en nuestro aislamiento en casa. Incluso la muerte se ha convertido en un acto virtual, puesto que los funerales se transmiten por internet. Las tecnologías logísticas hacen completamente viable vivir sin la ciudad. La pandemia ha acelerado una utopía logística.

 

¿De verdad?
Las plataformas logísticas contemporáneas son un obstáculo para el espacio público, pues su motivación es saltarse o evitar la ciudad en favor del suministro directo de servicios bajo demanda en los hogares. Amazon ignora la calle porque hace la entrega directamente en tu casa. Uber desestima el transporte público prometiendo conexiones puerta a puerta. Netflix quiere eliminar los cines en favor de la transmisión en línea a una televisión inteligente o teléfono en tu sala de estar. Instacart sustituye el mercado de alimentos, que ha servido de centro de la ciudad desde la Roma antigua. En su conjunto, estas redes están erosionando las tipologías públicas tradicionales de intercambio en la ciudad (tiendas, teatros, oficinas, iglesias y escuelas) y de este modo expulsan la vida de la comunidad al tiempo que los centros de nuestras ciudades están siendo suplantados por ensamblajes de infraestructuras situados entre bastidores, desde las gigantescas terminales automatizadas de puertos y aeropuertos de carga hasta los centros de distribución y los centros de datos de hiperescala, estos últimos en rápido desarrollo para almacenar los zettabytes de información que la ciudad logística necesita para sobrevivir (figs. 1-3). Mientras tanto, las corporaciones gigantescas incrementan su dominio hegemónico sobre nuestra privacidad e información y nos manipulan para que adoptemos su visión del mundo.


Fig. 1. Port of Oakland, California, USA

Por cortesía de la logística, la ciudad es cada vez menos el resultado de un conjunto de procedimientos formales, redundando en el debate sobre las implicaciones de las tecnologías de la posguerra en ciudad que preveía la completa desmaterialización del espacio físico en favor de la arquitectura y el urbanismo concebidos como un conjunto de efectos puramente ambientales y/o virtuales. Esto significa que la ciudad ya no es el único mecanismo que nos suministra las cosas y los servicios que caracterizan tradicionalmente el estilo de vida urbano . Ahora la logística compite con la ciudad ―si es que no la eclipsa― como el espacio público dominante de nuestra era con su software y sus apéndices infraestructurales (desde las Apps hasta las etiquetas RFID y desde los dispositivos portátiles a la inteligencia artificial), que se funden para permitir el acceso a una noción de urbanidad todavía mayor que satisface las necesidades y aumenta las experiencias de la vida diaria. La urbanidad ya no es un destino en el sentido habitual, sino que se ha reestructurado como una serie de intercambios reales y virtuales simultáneos: una plataforma de servicio híbrida.


Fig. 2. Amazon Fulfilment Centre, Kenosha, Wisconsin, USA

La logística ha reducido la brecha entre el espacio público y el privado. Al permitir el acceso a unos bienes y unos servicios que antes solo podían adquirirse saliendo de casa, la logística rompe los conceptos de interior y exterior. La logística lleva las tipologías urbanas tradicionales directamente dentro de nuestro entorno doméstico o laboral y, por extensión, erosiona los antiguos límites entre lo público y lo privado. Este “envolverse” transfiere la urbanización de la ciudad al entorno doméstico e incluso al cuerpo, a lo que Paul Virilio llama el ciudadano-terminal que está “conectado para controlar su entorno doméstico sin tener que tocarlo físicamente”. (1) No hay un exterior entendido como la organización social de la ciudad y ahora el hogar se cierra sobre sí mismo. El cuerpo y la ciudad se funden.


Fig. 3. Facebook Data Centre, Clonee, Co. Meath, Ireland

Sin embargo:
Nuestra dependencia de la logística, tal como se ha demostrado especialmente durante el confinamiento, tal vez sea eficiente y conveniente, pero dista de ser ideal. De hecho, podría decirse que la mayor lección aprendida en el último año es que la utopía tecnológica prometida por los sistemas logísticos no es a la postre tan prometedora. Echamos de menos los intercambios del espacio público tradicional, lo analógico, el encuentro casual y la espontaneidad de la vida urbana. Al acelerar nuestra dependencia de la tecnología, nos hemos tirado de cabeza al futuro y nos hemos dado cuenta de que el resultado es problemático, no solo en el plano personal, sino también desde el punto de vista de la ciudad como el lugar de la comunidad. Las plataformas logísticas apenas acaban de nacer. Continuarán transformando radicalmente el entorno construido, lo que nos obligará a formarnos nuevas ideas sobre dónde existe el espacio público y cómo se define en su evolución. ¿Cómo se puede explorar la logística para reimaginar nuevos colectivos? Yo ofrezco las siguientes especulaciones:

Neonaturaleza
Después de la COVID puede que volvamos a los viejos hábitos centrados en la interacción física, pero la aceleración de la tecnología en nuestras rutinas diarias permanecerá. El que nos suministren en la puerta de nuestra vivienda un estilo de vida urbano es una nueva normalidad que ya está transformando el uso del espacio público. Por ejemplo, el confinamiento nos ha regalado una nueva apreciación de los espacios exteriores, sobre todo de la naturaleza, y por más razones que la mera distancia social. El hecho de estar atados a los medios digitales ha desenterrado, de forma sorprendente, nuestro primitivismo, de modo que un deseo renovado de escapismo, de autenticidad y de una conexión más emocional con las cosas simples está motivando nuevas formas de pensar sobre la naturaleza como una suerte de antídoto a la lisa eficiencia de la vida en las plataformas. Un artículo publicado en el diario The Guardian a finales del año pasado reflexiona sobre las ecologías de la vida silvestre que se han visto fortalecidas por nuestra plena inmersión en la vida de la logística. (2)

Nuevas tipologías de naturaleza, desde la reconversión de lugares posindustriales abandonados (como puede verse en muchos de los proyectos de espacio público presentados al Premio de Espacio Público Urbano del CCCB) hasta la resilvestración de tierra agrícola, desde la mejora y la expansión de los caminos forestales hasta los proyectos de vías verdes y corredores de vida salvaje en paisajes regionales, emergerán como los nuevos paisajes públicos de la era de la logística. Cambia tu capuccino por un par de botas de montaña: el bosque es el nuevo museo.


Fig. 4. Clare Lyster | CLUAA, After Shopping: The New Streetscape, 2017

Integración híbrida
Podemos repensar el espacio público aprovechando las plataformas en línea para diseñar nuevas tipologías de espacio híbrido cuando todavía se requiera cierta presencia física en la ciudad para aumentar el intercambio en línea. Por ejemplo, tanto los quioscos de devoluciones como los nódulos de entrega y recogida constituyen un espacio híbrido entre lo físico y lo virtual, así como la intersección del diseño industrial, el mobiliario y el espacio urbano. Esto ya ocurre en las ciudades estadounidenses, donde los minoristas responden a la creciente demanda de compras por internet con quioscos de recogida refrigerados en aparcamientos que se activan con un código de barras en un teléfono y que enfrentan al público directamente con los sistemas logísticos (fig. 4).

Aprovechar la logística para ampliar las sinergias a una escala arquitectónica es la motivación que subyace a la propuesta de OMA de 2019, que combina el almacenamiento de datos con un museo de arte para ilustrar cómo el creciente archivo digital de obras de arte puede catalizar el uso público de un centro de datos así como, para citar a la OMA, “fundir el almacenamiento y la exposición en un sistema integrado”, demostrando que la colaboración de la logística y la cultura puede ofrecer un resultado productivo.(3)

Paisajes de calle alternativos
El cierre de tiendas, una realidad ya en la ciudad pre-COVID, ha vaciado las calles en la medida en que los minoristas que ocupaban las plantas bajas y estimularon la renovación urbana de la década de 1980 han desaparecido a causa de la competencia del comercio electrónico y la entrega bajo demanda. Mientras muchas ciudades europeas todavía presumen de una animada vida de bares gracias a las robustas poblaciones urbanas, la ciudad estadounidense, con menos habitantes en los distritos de negocios del centro, depende del trabajador de oficina, que, con las nuevas facilidades para trabajar desde casa, ha dejado de ser un actor en la activación del espacio público.

Pese a ello, las calles pueden tener una nueva vida en ausencia de oficinas y comercios, aunque sin el dinero de los impuestos de los negocios será difícil financiar los proyectos de revitalización. Es cierto que los espacios de las plantas bajas necesitarán nuevos programas (¿por qué no reutilizar los grandes almacenes como escuelas y viviendas?), pero gracias a la actual reducción del tráfico rodado las aceras ya están fomentando nuevos usos espontáneos, desde el patinaje hasta el ir en bicicleta de forma más segura, además de nuevos encuentros y acontecimientos. La calle ha dejado de ser un mero conducto de circulación para convertirse en un espacio de destino en y por sí mismo(fig. 5).


Fig. 5. Sarah Rozman, Pick Up Plaza, The Logistical City Studio, UIC School of Architecture, 2017

Colectivos compartidos
Es cierto que muchas de las tipologías mencionadas aquí propagan los flujos logísticos y, en lugar de criticarla, aceptan la hegemonía del paradigma logístico. Sería útil identificar cómo puede realinearse la logística para lograr unas formas menos capitalistas de creación de espacios. A este respecto, la comisaria Marina Otero Verzier escribe sobre la logística: “El rediseño y el cuestionamiento de las relaciones entre el espacio, el tiempo y la economía política que se da en ellos tienen el potencial de crear otros ensamblajes sociales”. (4)

Un campo prometedor para explorar cómo la logística puede producir otros ensamblajes es el ámbito del espacio compartido, donde la planificación, la eficiencia y la coordinación a tiempo real relacionadas con las tecnologías de la logística se pueden extender hacia una nueva política espacial que promete un uso más justo y diverso del espacio público. Entre las nuevas tipologías de espacios compartidos en la ciudad se encuentran ya el co-working y el co-living, pero estos todavía existen como empresas comerciales. Sin embargo, son posibles otros ensamblajes fuera del consumismo y el control corporativo.


Fig. 6. Yuping Sun, Shared City, The Logistical City Studio, UIC School of Architecture, 2017

Por ejemplo, el co-gardening es una forma útil de pensar sobre la administración del espacio abierto y la expansión de la agricultura urbana que permite una mayor capacidad para dividir los recursos con el fin de lograr unos resultados más sostenibles (fig. 6). Una app que te permite alquilar un huerto un tiempo determinado o cocultivar una parcela es un ejemplo que no solo promueve la idea de los huertos comunitarios, sino que también podría ayudar a aumentar la densidad de población de las ciudades, un elemento crucial para posibilitar las nuevas formas de espacio público mencionadas en este texto. Shared Earth, una plataforma de horticultura sin ánimo de lucro que conecta los propietarios de la tierra con la gente que quiere cultivarla, pero generalmente sin acceso a ella, demuestra cómo las tecnologías logísticas pueden organizar fácilmente las exigencias temporales demandadas por los colectivos compartidos para alinear las redes en línea con nuevas formas de interacción física. (5)

En resumen, pese a los desafíos planteados por las plataformas logísticas y la amenaza que representan para el ámbito público, existen oportunidades para reescribir el espacio público dentro de las redes sociotécnicas emergentes de nuestra era que podrían integrar la logística más fácilmente en la ciudad o utilizar su sincronización racional para otras finalidades.

 

(1) Virilio, Paul, La Vitesse de Liberation, Paris: Éditions Galilée, 1995 (version castellana: La velocidad de liberación, Buenos Aires: Manantial, 1997)..

(2) Tree, Isabella, “Lockdown Initiated Our Awareness of Nature, But It Mustn’t Be at the Expense of Wildlife”, The Guardian, December 28, 2020: https://www.theguardian.com/commentisfree/2020/dec/28/lockdown-nature-expense-wildlife (consultado el 2 de enero de 2021).

(3) Koolhaas, Rem/OMA, “Museum in the Countryside: Aesthetics of the Data Centre”, in Young, Liam (ed.), AD # Machine Landscapes: Architectures of the Post Anthropocene, Nueva York: Wiley, 2019, págs. 60-65.

(4) Otero Verzier, Marina, “Logistics”, AA Files, núm.. 76, Londres, Verano de 2019, págs. 119-120.

(5) Johnson, Rebecca May, “Qualities of Earth”, Granta: https://granta.com/qualities-of-earth/ (consultado el 11 de enero 2021).

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