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16 junio 2021

Comunalizar las movilidades: movilidad justa, espacio público y transiciones justas

Mimi Sheller

La comunalización móvil tiene lugar dentro de las prácticas compartidas del movimiento, los encuentros momentáneos y las asambleas fugaces.

¿Cómo pueden las prácticas de acceso simultáneo y las reglas cooperativas para compartir ayudarnos a imaginar transiciones hacia una movilidad más justa en un mundo afectado por la pandemia de la covid-19, las constantes catástrofes climáticas, los legados coloniales y la desigualdad racial? “Comunalizar”, como concepto, se ha utilizado ampliamente en el pensamiento reciente sobre el medio ambiente, la filosofía política, los estudios sobre migración y movilidad y los movimientos sociales. Propongo que comunalizar ―como verbo activo― puede conformar nuevos paradigmas de diseño que permitan que las comunidades progresen hacia una movilidad más justa, que ha de ser la base para unas transiciones justas hacia unos futuros vivibles.

El concepto de “comunes” tiene una larga historia enraizada en la Europa medieval y el derecho común inglés, y evoca la tierra de propiedad común por donde la gente puede deambular, recoger recursos y espigar comida. Este concepto se ha ampliado recientemente, y ya se habla de “comunes del conocimiento, digitales, urbanos, de la salud, culturales, etc.”. (1) Los comunes no son solo un espacio, un recurso o un producto, sino las posibilidades y las capacidades para moverse, viajar, juntarse y reunirse, y también las de detenerse y vivir en un colectivo compartido. Sostengo que comunalizar las movilidades puede ser una manera de recuperar la habitabilidad y la reproducción de la vida en un mundo pospandémico que se encuentra precariamente en el umbral de la violencia social y los límites ecológicos. (2)

La movilidad como común, los comunes como móviles

Los comunes han recuperado la actualidad en los recientes debates políticos sobre la crisis de la modernidad. Muchos teóricos críticos han redescubierto los comunes como un poderoso principio organizativo para los movimientos sociales. Se trata de un concepto que adoptó el movimiento antiglobalización para “reclamar los comunes” durante las protestas contra la OMC (Organización Mundial del Comercio) de 2001. Aparece en el proyecto en curso de Michael Hardt y Antonio Negri de construir “riqueza común” y “asamblea” mediante la “construcción de unas constelaciones nuevas y móviles de vida compartida”; también en los recientes llamamientos de Naomi Klein y George Monbiot para restaurar y fortalecer los comunes.(3)

Los comunes no son públicos ni privados, sino que pueden entenderse como no-propiedad. (4) Los comunes no son un espacio vacío, sino un espacio compartido producido socialmente. Como sostuvo la economista Elinor Ostrom, contra la influyente tesis de Garret Hardin sobre “la tragedia de los comunes”, (5) los comunes siempre se han administrado colectivamente y se han regido por normas de uso compartido consuetudinario, no siendo un simple y desorganizado gratis-para-todos.(6)Esta última idea, sin embargo, ha dominado a menudo en el ámbito del urbanismo y la promoción inmobiliaria, y el concepto de los comunes se ha visto reducido a los parques, las plazas, los espacios públicos o incluso los lobbies de la construcción calificados como “los comunes”. Más que prácticas móviles dentro de lo socialmente compartido, los comunes se incorporan a la ontología sedentaria de la propiedad y el placemaking. Esto crea unos espacios públicos que podríamos llamar “comunes cívicos” ―como un proyecto para “reimaginar el espacio público” en Filadelfia, mi ciudad―, pero todavía se basan en la preservación de la propiedad privada, la expropiación de los terratenientes indígenas o negros y la propiedad excluyente.

Si concebimos la movilidad como una práctica que tiene lugar en un común compartido, y los comunes como móviles, entonces podemos empezar a entender que comunalizar debe ser una acción, un verbo, y no un espacio público sedentario. Esta noción de “comunalizar” se basa de forma fundamental en la obra de Silvia Federici y George Caffentzis que “nos ayuda a imaginar el trabajo cotidiano y en curso necesario para reproducir una esfera social compartida”. (7) Como Marcela Oliver y Alexander Dwinell escriben sobre la Guerra del Agua de Cochabamba (Bolivia) que tuvo lugar en 2000, Federici y Caffentzis, en su ensayo “Los comunes contra y más allá del capitalismo”, ayudaron a los activistas políticos a entender que el Estado se estaba apropiando bienes comunes como el agua en nombre de “lo público”, aunque la gente no controlaba dichos bienes. Su trabajo sobre los comunes anticapitalistas y la labor reproductiva de las mujeres demostró que en la Guerra del Agua no se trataba “solo de proteger esta, sino de crear, producir y generar formas nuevas y distintas de recuperar y extender los comunes y de ejercer nuestro poder para tomar decisiones sobre nuestras vidas”.(8)

¿Qué podemos aprender de esta recuperación y extensión de los comunes hoy para recuperarnos de los efectos de la pandemia y hacer frente a la emergencia climática?

Movilización de los comunes, comunalización de las movilidades

Comunalizar no trata solo del espacio público, el territorio compartido, los recursos naturales o el producto de libre acceso, sino que es una forma radical de ser, moverse y construir juntos un mundo compartido no solo con otros seres humanos, sino también con no-humanos. Tales actos de comunalización tienen sus raíces en las relaciones espirituales de los indígenas con la tierra, las plantas y los animales como parientes, y no como propiedad. Pese a la imposición violenta de la “modernidad” colonial mediante las relaciones de propiedad de cercado y extracción, la comunalización ha persistido históricamente. La comunalización local tiene lugar en las afueras de las ciudades, en los márgenes extraestatales y en los espacios intersticiales. La encontramos en los hogares o en los huertos urbanos de la agricultura de guerrilla, (9) en la plaza de la ciudad o zócalo donde la gente se encuentra y se mezcla (tal como describe maravillosamente la activista mexicana Lydia Cacho), en el punto de unión de los entornos construidos y naturales (bosques, ríos, pantanos, espacios subterráneos), en las afueras de las formaciones urbanas o nacionales (fronteras, márgenes, montañas) y en las periferias fugitivas de las ecologías geopolíticas (océanos, islas, bajíos). (10) Tenemos que reclamar estas formas de comunalización.

El concepto de un “común móvil” apareció primero en el estudio de la migración, donde desafiaba los planteamientos centrados en el Estado con una comprensión más autónoma de las perspectivas de los migrantes. Los estudios de la migración se refieren a una “ontología de las personas en movimiento” en que los comunes móviles son “generados, usados y ampliados […] entre las personas que se desplazan” —como las caravanas de migrantes que parten de Centroamérica— y entre ellos se encuentran “el conocimiento compartido, la cooperación afectiva, el apoyo mutuo y el cuidado entre los migrantes” mientras se desplazan. (11) El contrapunto de los bajocomunes de Fred Moten y Stefano Harney también señala algunas formas de movilizar la comunalización como una forma de moverse por el mundo, una contraposición relacional, una relación encarnada con los otros y una perspectiva epistémica desde abajo. (12)

La idea de “comunalizar la movilidad” también se ha defendido en estudios recientes de transiciones hacia una movilidad con bajo nivel de emisiones de carbono para imaginar ciudades más “inclusivas y gobernadas colaborativamente”: ¿cómo podemos utilizar “lógicas de comunalización como las prácticas de la toma de decisiones comunales, la apertura a nuevas formas de concebir el derecho a la movilidad así como el derecho a la inmovilidad (el derecho a no ser desplazado), la conciencia de la producción social de la movilidad y las relaciones de poder inherentes a ella, así como el compromiso con la creación de justicia y el trabajo en interés del bien público? (13)

Lauren Berlant también señala “la dificultad de crear un mundo conjuntamente, aunque sea poco práctico y duro”. Aunque incoherente, ambivalente y “estropeado”, dice esta autora, el concepto de los comunes nos impone una reclamación: “Bajo su nombre, en todo el planeta, las comunidades comprenden los legados de ocupación para impugnar los derechos de propiedad y promover la justicia”. (14) Berlant describe la comunalización como una actividad, un verbo, un movimiento, una mediación conectada, un concepto extraño que ofrece la posibilidad de unos futuros políticos distintos y más esperanzadores.

Conclusión

¿Qué clases de nuevas arquitecturas, formas urbanas sostenibles, infraestructuras compartidas y prácticas de cuidado social surgirían de la comunalización de las movilidades? ¿Cómo puede nuestro des-plazamiento convertirse en una forma de compartir lugares? ¿Cómo podemos trabajar en diálogo con arquitectos, diseñadores, urbanistas, humanistas, artistas y públicos más amplios para crear formas más justas de morar y desplazarse en medio de los legados de la injusticia racial, la injusticia climática y la injusticia de la movilidad?

La comunalización móvil tiene lugar dentro de las prácticas compartidas del movimiento, los encuentros momentáneos y las asambleas fugaces, en un momento determinado, en un lugar, sin poseerlo, en la medida en que no se lo destroce, no se eche basura en él, no se lo degrade o se impida que lo usen los demás. Es una especie de movimiento consciente basado en formas de solidaridad, reciprocidad, cuidado, confianza, generosidad y representación. Está orientada temporalmente hacia el mantenimiento de las conexiones intergeneracionales entre el pasado, el presente y el futuro en cuanto a cómo nos movemos por la tierra: ligera y cuidadosamente, con interés por los demás y por medio de difíciles esfuerzos de traducción y acompañamiento a través de la diferencia.

 

(1) International Association for the Study of the Commons: https://iasc-commons.org/about-commons/.

(2) Véanse: Sheller, Mimi, Mobility Justice: The Politics of Movement in an Age of Extremes, Londres: Verso, 2018; y Island Futures: Caribbean Survival in the Anthropocene, Durham/Londres: Duke University Press, 2020

(3) Klein, Naomi, “Reclaiming the Commons”, New Left Review, núm. 9, 2001, págs. 81-89; Hardt, Michael y Negri, Antonio, Assembly, Nueva York: Oxford University Press, 2017(versión castellana: Asamblea, Akal, Madrid, 2019; Monbiot, George, “The Fortifying Commons”, 15 de diciembre de 2016; y “Common Wealth”, 2 de octubre de 2017, en www.monbiot.com.

(4) Hardt, Michael y Negri, Antonio, op. cit., pág. 97.

(5) Hardin, Garrett, “The Tragedy of the Commons”, Science, 162:3859, 1968, págs. 1243-48.

(6) Ostrom, Elinor, “Beyond Markets and States: Polycentric Governance of Complex Economic Systems”, American Economic Review, vol. 100, núm. 3, 2010, págs. 641-72.

(7) Olivera, Marcela y Dwinell, Alexander, “A Vocabulary of the Commons”, en Barbagallo, Camille; Beuret, Nicholas and Harvie, David (eds.), Commoning with George Caffentzis and Silvia Federici, Londres: Pluto Press, 2019, pág. 227.

(8) Ibid

(9) Véase, por ejemplo: Penniman, Leah, Farming While Black: Soul Fire Farm’s Practical Guide to Liberation on the Land, White River Junction: Chelsea Green Publishing, 2018. .

(10) King, Tiffany L., The Black Shoals: Offshore Formations of Black and Native Studies, Durham: Duke University Press, 2019.

(11) Papadopoulos, D. y Tsianos, V. S., “After Citizenship: Autonomy of Migration, Organisational Ontology and Mobile Commons”, Citizenship Studies, 17:2, 2013, págs. 178-96 (191-92); Trimikliniotos, N.; Parsanoglou, D. y Tsianos, V. S., Mobile Commons, Migrant Digitalities and the Right to the City, Basingstoke/New York: Palgrave Macmillan, 2015, p. 19; Pasel, C. A., “The Journey of Central American Women Migrants: Engendering the Mobile Commons”, Mobilities, 13:6, 2018, págs. 849-909.

(12) Moten, Fred y Harney, Stefano, The Undercommons: Fugitive Planning and Black Study, Londres: Minor Compositions, 2013.

(13) Nikolaeva, A. et al., “Commoning Mobility: Towards a New Politics of Mobility Transitions”, Transactions of the Institute of British Geographers, núm. 44, 2019, págs. 346-360 (353).

(14) Berlant, Lauren, “The Commons: Infrastructures for Troubling Times”, Environment and Planning D: Society and Space, 34:3, 2016, págs. 393-419 (395-6).

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