Imagen previa a la intervención. La entrada del museo estaba en la fachada de la Landhausstraße y el jardín del lado sur, pese a su privilegiada posición respecto a la avenida y la plaza, era un espacio marginal y descuidado. © r+b landschaft s architektur. 01-01-1970

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Cuando Dresde se deshizo de las murallas, el hueco dejado por su puerta oriental, principal salida hacia Pirna, dio lugar a la Pirnaischer Platz, que hoy es un importante nodo de la red de transportes de la ciudad. Uno de los efectos de esta drástica transformación urbana fue que la orientación de la Landhaus (casa de campo) quedó completamente invertida. En 1775, al ser construido por el maestro de obras Friedrich August Krubsacius como sede de la antigua Asamblea de Sajonia, este edificio del barroco tardío daba la espalda a la muralla adyacente y se enfrentaba directamente con la Landhausstraße. En aquellos momentos, esa angosta calle era el frente más relevante del edificio, porque desemboca, doscientos metros más allá, al Neumarkt y la Frauenkirche, uno de los templos luteranos más imponentes de Europa. Sin embargo, con el cambio del contexto urbano, la fachada posterior de la Landhaus y su jardín interior quedaron expuestos a la amplitud de la nueva plaza y de la Wilsdruffer Straße, una transitada avenida que confluye en ella.

La incoherencia de su orientación respecto al entorno inmediato se ha mantenido hasta el día de hoy, aunque el siglo XX le deparó una historia bastante agitada. Fue arrasado durante los masivos bombardeos aliados de febrero de 1945 y fielmente reconstruido en 1965 por las autoridades de la Alemania Oriental. Entonces pasó a ser la sede del Stadtmuseum y la Städtische Galerie que, aún hoy, alojan exposiciones acerca de la historia y el desarrollo actual de la ciudad. La entrada del museo seguía estando en la fachada de la Landhausstraße y el jardín del lado sur, pese a su privilegiada posición respecto a la avenida y la plaza, era un espacio marginal y descuidado.

objeto de la intervención

En 2002, el ayuntamiento emprendió una reforma integral de la Landhaus que no sólo afectaba a sus fachadas, sino también a la distribución funcional de los interiores. Aparte de anexionar sobre la testera oriental del edificio una escalera de emergencia exenta que, por su contrastante estilo deconstructivista, fue objeto de una acalorada polémica, la reforma desplazó la entrada principal del museo a la fachada sur. El jardín, que adquiría así una posición vestibular, precisaba ser replanteado para ofrecer al edificio un acceso adecuado. Bajo la mirada atenta de una ciudad que ama tanto su patrimonio histórico tras haberlo levantado piedra a piedra de sus propios escombros, la intervención tenía que realizarse con sumo cuidado y el máximo respeto para con las preexistencias. Por otro lado, el nuevo jardín ofrecía la oportunidad de introducir en el centro de Dresde un rincón verde sosegado y recoleto, ya que, pese a ser uno de los municipios europeos con mayor superficie forestal, su casco antiguo carecía bastante de este tipo de espacios.

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La planta de la intervención recoge, por un lado, el perfil poligonal de la fachada sur de la Landhaus y, por el otro, la acera rectilínea y sesgada de la Wilsdruffer Straße. La vegetación arbustiva preexistente ha sido retirada para mejorar la percepción de esta fachada. El jardín está hundido sesenta centímetros respecto a la calle y protegido del bullicio exterior por un muro de módulos prefabricados de hormigón que se ensancha en su base formando un banco continuo. El muro sólo se interrumpe dos veces, para dar paso a unas escaleras encaradas con la entrada del edificio y para permitir el acceso a una rampa practicable con silla de ruedas.

El plano del suelo se ordena sobre una retícula de franjas formadas por losas de piedra arenisca que reproducen la dirección de la fachada y el ritmo marcado por sus aperturas. En algunos tramos, las franjas se levantan del suelo formando bloques paralelepipédicos de la misma piedra que hacen las veces de bancos. El cruce de las franjas define lienzos intersticiales cuadrados que se tratan de diferentes modos. En buena parte de la superficie de actuación están cubiertos de pequeños matojos de tomillo que llenan el jardín con su fragancia, al tiempo que le confieren una alfombra mullida y vegetal. Algunas de estas alfombras olorosas acogen asimismo cerezos de Higan (Prunus subhirtella “Autumnalis”) que, por su moderada estatura, confieren una escala humana al jardín.

En las zonas previsiblemente más transitadas, los lienzos cuadrados se llenan con sablón. Es el caso del espacio existente delante de la entrada o del área que se extiende al pie de la fachada y que proporciona a la cafetería del museo una terraza muy soleada. Uno de los lienzos cuadrados, situado delante de esa terraza, aloja un estanque de la que sale una acequia que cruza buena parte del jardín hasta alcanzar una segunda charca. Esta también es cuadrada pero aún es más pequeña y está situada en el centro del recorrido entre las escaleras del jardín y la entrada al museo. Eventualmente, la estructura reticular del jardín puede servir para exponer al aire libre ciertos objetos del museo. Por la noche, el espacio se ilumina mediante una serie de balizas que se disponen a lo largo de algunas franjas. Al pie de cada cerezo hay también un foco empotrado en el suelo que ilumina su copa en cotrapicado.

valoración

A menudo se tiende a tomar la masiva concurrencia de personas sobre un espacio público como la medida de su éxito y su calidad. Sin embargo, la ciudad también necesita rincones serenos y resguardados del bullicio urbano; espacios que pasen desapercibidos a primera vista, que sean casi desconocidos y que incluso cueste encontrar. Los jardines públicos suelen ofrecer esta serenidad a través de un hedonismo placentero que se consigue, en las diferentes tradiciones de la jardinería, a partir de la expresión más o menos explícita de un equilibrio armónico entre el orden artificial y el desorden natural.

En el caso del jardín de la Landhaus, la espontánea iregularidad que caracteriza los elementos vegetales se ordena bajo un ritmo geométrico que se explicita con rigor cartesiano. Ello le permite establecer con el edificio una relación dual, aparentemente contradictoria pero sumamente enriquecedora. Por un lado, su rotundidad geométrica, reforzada por la simplicidad de los elementos artificiales que le dan cuerpo, destaca con el barroquismo de la fachada. Por el otro, sin embargo, la retícula de franjas obedece estrictamente a su orden compositivo y propaga su resonancia rítmica más allá del volumen edificado. El resultado permite que, ahora sí, el edificio se erija con dignidad ante los espacios abiertos a los que antes daba la espalda.

David Bravo Bordas, arquitecto

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El muro sólo se interrumpe dos veces, para dejar paso a unas escaleras encaradas con la entrada del edificio y para hacer espacio para una rampa practicable con silla de ruedas. © Petra Steiner. 01-01-1970

ficha técnica

CIUDAD: Dresden (507.572 habitantes)

PAÍS: Alemania

INICIO DEL PROYECTO: 2002

INICIO DE LAS OBRAS: 2006

FINAL DE LAS OBRAS: 2007

SUPERFICIE TOTAL: 2.000 m2

COSTE TOTAL: 430.000 €

créditos

AUTORES:

Jens Rossa