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Maidstone, en el condado de Kent, ha sido históricamente un importante centro de comunicaciones y de intercambio comercial por río, carretera y tren. La ciudad, crecida a orillas del río Medway, se desarrolló inicialmente en su ribera este, donde se encuentran el núcleo antiguo y las zonas comerciales más importantes, mientras que los crecimientos residenciales, también los más recientes, y muchos de los nuevos equipamientos se localizan en la ribera oeste. La baja conectividad entre ambas riberas propició la proliferación de parajes residuales en las márgenes de un río que, pese al papel desempeñado en la historia y el desarrollo de la ciudad, malvivía como un viejo recurso olvidado al que se había vuelto la espalda.
En la ribera oeste, los terrenos de una antigua industria dedicada a la producción y al reciclaje de papel permanecían abandonados –atrapados entre la línea del ferrocarril y el río–, inaccesibles pese a su proximidad al centro urbano. Su abandono comportó el crecimiento desmesurado de una vegetación que, desbordada y salvaje, presentaba problemas de conservación dada la existencia de especies colonizadoras que condicionaban el desarrollo natural de un entorno con una población de árboles madura, aunque parcialmente enferma.objeto de la intervención
La donación a la ciudad de los terrenos de la antigua implantación industrial de la ribera oeste representó un impulso decisivo para la viabilidad de un proyecto que comenzó a gestarse en 1995, con objeto de redefinir integralmente la relación entre el río Medway y la ciudad, mediante la actuación estratégica en diferentes ámbitos del corredor natural.
El nuevo parque fluvial, concebido y desarrollado como un parque de importancia estructural tanto en el plano local como regional, debía contribuir al desarrollo equilibrado de la zona, revalorizando los entornos fluviales y enriqueciendo la calidad de vida de los habitantes de Maidstone. Un grupo de trabajo formado por representantes políticos, especialistas y grupos locales, organizó consultas públicas para establecer las aspiraciones ciudadanas en relación con el río y con diferentes espacios de las riberas.descripción
La construcción del puente para peatones de Lockmeadow en 1998 entre una nueva zona de ocio y el casco urbano significó el inicio de la mejora de las conexiones entre ambas partes de la ciudad. Junto a este nuevo foco de atracción en la ribera oeste, se habilitó una nueva zona de muelles para embarcaciones deportivas y de ocio y se reacondicionaron los espacios de ribera para paseos y visitas. Al otro extremo del puente y en función del nuevo recorrido creado se construyó un nuevo espacio público en los patios de un conjunto de edificios protegidos, propiedad del arzobispado. Esta zona sur, el Hermitage Amphiteatre, junto con el Whatman Park en el norte y unos terrenos que seguramente se cederán a la ciudad para reubicar las instalaciones del club de fútbol local, forman los espacios llamados a actuar conjuntamente en el proceso de recuperación del río a lo largo de un paseo de diez kilómetros a través del paisaje fluvial.
La zona más importante de este paseo, el parque Whatman, construido sobre las diez hectáreas de los terrenos de la antigua fábrica papelera cuyo nombre ha heredado, se reconectó a la ciudad con la construcción de dos nuevos puentes de peatones en sus extremos. Bajo el puente norte, una pasarela ligera suspendida en el aire, se definió un nuevo embarcadero. El puente sur se solucionó con una estructura metálica que salva una luz considerable. Durante los trabajos preliminares para la realización del parque, se identificaron para su conservación el mayor número posible de especies vegetales presentes en el lugar, preservando el contexto natural y sus ecosistemas tras la eliminación de las especies nocivas para el resto de la comunidad natural.
La zona central del parque, un claro en medio del entorno verde, constituye la zona de formalización arquitectónica más acusada, entendida como marco de encuentro y celebración de diferentes acontecimientos sociales. Acoge una arena, una grada escenario para actos públicos y zonas de descanso, y organiza los diferentes recorridos que ofrece el parque a partir de un itinerario principal que, enlazado con los dos puentes de acceso, se pavimentó y se destacó en algunos puntos con muretes laterales de bloque de hormigón coloreado, creando un leve sentido de urbanidad recortado sobre el fondo verde del paisaje. Los elementos de mobiliario de esta zona se resolvieron exclusivamente con acero inoxidable y la iluminación se integró en el terreno, huyendo de la imagen urbana frecuentemente asociada a los elementos de iluminación vertical.
En el extremo norte del parque se habilitaron recorridos y zonas de estudio para las escuelas y las aulas de naturaleza. Los pinos maduros de las zonas altas se utilizaron como base para la construcción de unas pasarelas elevadas entre los árboles que funcionan como atalayas privilegiadas para la observación del entorno natural y la ciudad. En diferentes zonas se definieron áreas especiales de descanso para especies protegidas, intentando fomentar la recuperación de la diversidad natural y la restauración de la vida salvaje en el corredor. En las fases preliminares del proyecto se trabajó estrechamente con la comunidad local a fin de desarrollar zonas de juego, deporte y ocio que contasen con la complicidad de grupos de todas las edades.
Dada la proximidad del parque tanto al centro de Maidstone como a las estaciones de tren, las instalaciones de aparcamiento de vehículos en sus inmediaciones se limitaron intencionadamente al mínimo, para fomentar otros tipos de acceso. No obstante, la futura construcción del estadio de fútbol para el club local permitirá disponer de nuevas zonas de estacionamiento.valoración
El nuevo parque fluvial del Milenio, en Maidstone, es resultado de un intenso proceso en el que todas las actividades y usos presentes en las márgenes del río Medway en su recorrido por la ciudad han recibido especial atención por parte del planeamiento con objeto de que, en caso de producirse en detrimento del funcionamiento del corredor natural, fueran objeto de redefinición o relocalización. Los estudios detallados del estado de las riberas fluviales han permitido detectar los puntos en que la implantación de los nuevos puentes de conexión podían ampliar sus repercusiones positivas para la ciudad, interpretando las líneas de deseo generadas espontáneamente en los recorridos de la gente y vinculando puntos relevantes a través de itinerarios que penetran en la estructura urbana, más allá de la estricta franja de contacto con el río.
A través de una visión global para toda una zona se han acondicionado muchos ámbitos con una intensidad de actuación diferenciada y una resolución respetuosa y diversificada, consiguiendo una mejora ambiental y paisajística que, sumada a la accesibilidad ganada, no sólo supone la superación de la barrera física que el río había representado para la ciudad, sino su completa reubicación en la geografía urbana de Maidstone.
Mònica Oliveres i Guixer, arquitecta
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